Pensamiento Crítico. Revista de Investigación
Multidisciplinaria
Año 12, No. 22, Enero – Junio
2026, pp.21-38
https://www.doi.org/10.64040/f2xqax49
Normalización vs. reconocimiento: percepción de
violencia de género en estudiantes de medicina
Normalization vs. Recognition: Perception of
gender-based violence among medical students
Erick
López León
Universidad
Nacional Autónoma de México, Facultad de Medicina
ericklole@facmed.unam.mx
/ lole.erick@gmail.com
https://orcid.org/0000_0002_3074_6394
Resumen
La violencia por razones de género en la relación
profesional de la salud-paciente es un fenómeno poco explorado. El objetivo fue
diagnosticar el nivel de percepción de esta violencia en el estudiantado de
medicina de primer año en una universidad. Se realizó un estudio cuantitativo,
transversal y descriptivo con 1,214 personas estudiantes, usando un muestreo no
probabilístico por conveniencia. Se aplicó un cuestionario ad hoc con
escenarios evaluados en una escala Likert. El hallazgo principal no fue una percepción
uniformemente baja, sino una polarización: un grupo significativo (24%) no
percibió la violencia ("0"), mientras una mayoría la identificó con
lo máximo ("10"). Esta bimodalidad sugiere
la coexistencia de visiones opuestas, moldeadas por la socialización. La
existencia de un subgrupo con "puntos ciegos" confirma parcialmente
la hipótesis y evidencia una falla en el currículo. Es necesario implementar
intervenciones educativas para garantizar una atención libre de violencia por
parte de los futuros profesionales de la salud en medicina.
Palabras clave:
Violencia por razones de género, percepciones de los estudiantes de medicina, enseñanza
y formación de estudiantes de pregrado y estereotipos de género.
Abstract
Gender-based violence in health professional-patient relationship
is an under-explored phenomenon. This
study aimed to diagnose the perception level of this violence among first-year
medical students at a university. A quantitative, cross-sectional, descriptive
study was conducted with 1,214 students, using a non-probabilistic convenience
sampling method. An ad hoc questionnaire was applied with clinical scenarios
evaluated on a Likert scale. The main finding was not a uniformly low
perception, but a marked polarization: a significant group (24%) perceived no
violence ("0"), while a majority identified it at the highest level
("10"). This bimodality suggests the coexistence of opposing views
shaped by socialization. The existence of a subgroup with "blind
spots" partially confirms the hypothesis and highlights a curricular
failure. Educational interventions must be implemented to ensure that future
medical professionals can provide care that is free from violence.
Key words: Gender based violence,
medical student perceptions, teaching and training undergraduate and gender
stereotypes.
La violencia por razones de género
comprende cualquier acción u omisión contra una persona o grupo, basada en el
sexo, identidad o expresión de género, u orientación romántica o sexual,
generando desde un trato denigrante hasta daño, sufrimiento o incluso la muerte
en un espacio público o privado (OEA, 1994; Dirección de Género, Diversidad y
Equidad, 2021; OMS, 2021). Por lo tanto, abarca un sinnúmero de prácticas, como
comentarios, insultos, humillaciones, amenazas, acoso, hostigamiento,
discriminación, abuso, violación, femicidio, y la coacción o privación
arbitraria de la libertad (SERNAMEG, 2017; OMS, 2021).
Estas expresiones pueden ser más o menos explícitas según el nivel de
normalización cultural y legal, llevando al reconocimiento de algunas acciones
como violentas mientras otras permanecen desconocidas (Bosch-Fiol y
Ferrer-Pérez, 2012; Dirección de Género, Diversidad y Equidad, 2021).
Aunque el concepto
"violencia por razones de género", tal como se conoce hoy, es
relativamente nuevo, este fenómeno tiene sus raíces en la historia humana,
desde los inicios de la organización social (Chapa et al., 2022). Durante
siglos, el abuso hacia las mujeres -y posteriormente hacia otras identidades de
género no tradicionales- fue invisibilizado, normalizado o reducido a un
problema privado. Desde el siglo XIX, y con mayor intensidad en el XX, la lucha
feminista desempeñó un papel fundamental para visibilizar estas prácticas y
conceptualizarlas como un asunto político y social (Alcívar et al., 2021).
La violencia sexual y doméstica
empezaron a ser nombradas y teorizadas en los años setenta, con la segunda ola
del feminismo; no obstante, el término "violencia por razones de
género" ganó popularidad hacia finales del siglo XX (Maier-Hirsch, 2020).
El reconocimiento como una violación a los derechos humanos se dio en momentos
cruciales como fue la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en
Beijing en 1995, y la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena en 1993.
Específicamente, la Declaración de Beijing trató sobre la violencia contra las
mujeres y sus diferentes formas de manifestarse (CNDH, 2021).
La violencia por razones de género y
su invisibilidad son alimentadas por concepciones históricas y sociales, las
cuales están profundamente arraigadas, sobre cómo las personas deben actuar de
acuerdo con su género, generando expectativas estrictas acerca de lo
"apropiado" para hombres y mujeres. A estos constructos, se les
denomina roles, mandatos y estereotipos de género (Chapa et al., 2022), los
cuales son transmitidos de manera inconsciente. Su incumplimiento es motivo de
violencia, la cual puede ocurrir en cualquier ámbito, como el familiar,
laboral, académico, médico o social.
Los estereotipos de género son ideas
generalizadas preconcebidas sobre cualidades, atributos, características o
expectativas a poseer mujeres y hombres, o sobre los roles a desempeñar. Aunque
pueden ser positivos o negativos, a menudo son simplistas o inexactos (González-Gijón
et al., 2024). Por ejemplo, las mujeres deben ser compasivas, simpáticas y
amables; mientras los hombres, fuertes, agresivos y competitivos (García,
2021).
Los roles de género son las normas,
tareas y responsabilidades asignadas a cada género, las cuales pueden variar
según la cultura, la edad, el estrato social y otros factores. Por ejemplo, la
creencia de la conformación del cuerpo militar solo por hombres, y de la
cocina, solo por mujeres. Por otro lado, los mandatos de género son modelos
normativos o expectativas más rígidas sobre cómo deben comportarse mujeres y
hombres, basados en estereotipos y roles tradicionales, principalmente en torno
a la sexualidad y las relaciones de pareja (Macías- Valadez-Márquez y
Luna-Lara, 2018; Penagos et al, 2021). Un ejemplo es la expectativa sobre los
hombres como el principal proveedor económico de la familia, mientras las
mujeres, del cuidado de los hijos y del hogar.
La violencia por razones de género
no se limita a la agresión física o sexual; también incluye la psicológica,
económica e institucional, y se deriva de las relaciones de poder
históricamente desiguales entre hombres y mujeres (CIDH, s.f.). Esta evolución
conceptual es vital para comprender cómo las instituciones, incluida la médica,
pueden perpetuarla, al estar profundamente arraigados en la sociedad estos
aspectos y al encontrarse el personal médico inmerso en el mismo proceso de
socialización (Chapa et al., 2022). En consecuencia, la relación profesional de
la salud-paciente no está libre de reproducirla.
La ética médica ha experimentado una
evolución significativa, al pasar de un enfoque centrado en el paternalismo a
uno orientado a la autonomía del paciente. Tradicionalmente, la práctica médica
estuvo dominada por la ética hipocrática y su principio primum
non nocere (no hacer daño primero) (Freitas et al.,
2021). No obstante, este modelo era intrínsecamente paternalista: el médico
tomaba las decisiones con la suposición de saber qué acciones son mejores para
el paciente. En esta época, el género del paciente rara vez se consideraba
desde una perspectiva ética; en particular, las mujeres eran tratadas con base
en estereotipos de debilidad o simplemente como reproductoras, dando como
resultados diagnósticos y terapias diferentes y frecuentemente perjudiciales.
En los años setenta, la ética
comenzó a desarrollarse como un área de múltiples disciplinas de las ciencias
de la salud como la medicina. En 1979, el Informe Belmont estableció
formalmente tres principios éticos esenciales: justicia, beneficencia y no maleficencia.
La autonomía del paciente empezó a cobrar importancia poco a poco, generando un
desafío para el paternalismo médico. Aunque la perspectiva de género aún no era
central en estos debates, este cambio fue fundamental para establecer los
cimientos de una relación profesional de la salud-paciente más equitativa
(Cassinelli, 2017; Tragapa, 2018).
La promulgación de los
"derechos de los pacientes" y su consolidación, impulsada por los
movimientos sociales en la segunda mitad del siglo XX, fue significativa para
la transición de una perspectiva de "caridad" a una de "derechos"
como parte inherente a toda persona que requiere atención médica (CNDH, 2003; Momblac, 2020).
La violencia por razones de género
es una problemática global, la cual trasciende fronteras y afecta a personas de
todas las edades, culturas y estratos sociales. A nivel mundial, las cifras son
alarmantes, pues se estima que 736 millones de mujeres —una de cada tres— han
sufrido violencia física o sexual. Generalmente, esta violencia comienza a
edades tempranas, donde una de cada cuatro mujeres de entre 15 y 24 años con
vida sexual activa habrá sido objeto de conductas violentas cuando cumpla 25
años. Lo más preocupante de estos datos, es su estabilidad durante la última
década (OMS, 2021).
En México, el 70.1 % de las mujeres
de 15 años y más, ha experimentado al menos un incidente de violencia a lo
largo de su vida. Los estados con mayores índices son el Estado de México (78.7
%), la Ciudad de México (76.2 %) y Querétaro (75.2 %). La prevalencia es mayor
en mujeres de áreas urbanas (73.0 %), de entre 25 y 34 años (75.0 %), con un
nivel de escolaridad superior (77.9 %) y con estado civil de separada,
divorciada o viuda (74.0 %). La violencia más frecuente es la psicológica
(51.6%), seguida de la sexual (49.7 %), la física (34.7%) y la económica o
patrimonial (27.4 %) (INEGI, 2021).
Si bien se desconocen las
estadísticas específicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),
en los últimos treinta años han surgido organizaciones integradas
principalmente por mujeres académicas, alumnas y administrativas para denunciar
la violencia existente, dando origen a acciones para prevenirla, sancionarla y
erradicarla (Chapa et al., 2022).
En la relación profesional de la
salud- paciente, se ha estudiado con mayor profundidad la violencia obstétrica,
una manifestación de violencia de género e institucional. Esta se sustenta en
la deshumanización del trato y en la medicalización excesiva del embarazo, el
parto y el puerperio (Laínez et al., 2023). Este tipo de violencia incluye
comentarios como: “¿Así gritaba cuando se lo hicieron?”, o “Cuando se lo
hicieron, ahí sí abrió las piernas, ¿no?”. Entre el 18% y el 75% de las mujeres
embarazadas refieren haberla sufrido (Ramallo-Castillo et al., 2024).
Las estadísticas, aunque son
preocupantes, sólo representan una parte del problema, al basarse en denuncias
y en el autorreconocimiento de las víctimas. Numerosos casos de violencia,
sobre todo las más sutiles y cotidianas, se mantienen encubiertos a causa de la
normalización social de comportamientos como comentarios machistas, el control
disfrazado de afecto o las restricciones a la libertad individual al ser
frecuentemente minimizados o justificados.
La violencia de género es un
fenómeno mundial con un impacto significativo en la salud. Frecuentemente, se
vincula con el entorno doméstico; sin embargo, sus expresiones también
atraviesan áreas como la relación profesional de la salud-paciente. En este ámbito,
tiene el potencial de ser sutil y resultar en prácticas discriminatorias,
microviolencias o una atención de calidad inferior basada en el género de la persona.
Simbólicamente, la relación profesional de la salud-paciente es una dinámica
inherente de poder donde el primero tiene autoridad y conocimiento. Cuando esta
dinámica se combina con sesgos de género, pueden generarse microagresiones o
comportamientos afectando la dignidad, autonomía e integridad del paciente,
aunque no siempre estos sean intencionales. Los mandatos, roles y estereotipos
de género funcionan como estructuras interpretativas con el potencial de
afectar la atención médica (Figura 1).
Figura 1.
Influencia de los estereotipos, roles y
mandatos de género en la consulta médica. |
|
|
La ética médica de hoy requiere una
atención que esté libre de prejuicios y reconozca la diversidad de las
experiencias individuales. Esto implica no solo evitar la discriminación
explícita, sino también ser consciente de cómo los estereotipos pueden influir
en el diagnóstico, el tratamiento y la comunicación con el paciente, generando
formas de violencia simbólica, psicológica o incluso física.
Por todo lo anterior,
comprender la magnitud de la violencia por razones de género en medicina es
fundamental para crear espacios de salud seguros y libres de discriminación. Es
indispensable visibilizar todas sus formas, desafiar las normas sociales
perpetuadoras y motivar a las víctimas a romper el silencio para construir una
sociedad más justa desde el ámbito de la salud.
El objetivo de esta investigación es
diagnosticar la percepción de la violencia por razones de género en la
interacción profesional de la salud-paciente en el contexto de los futuros
médicos, quienes están construyendo su marco de referencia profesional en sus
etapas iniciales de formación.
La investigación se delimita a la Facultad de
Medicina de la UNAM, una de las instituciones de formación médica más
influyentes en México. Este ámbito es crucial porque las actitudes
desarrolladas aquí pueden replicarse en la práctica clínica futura a nivel
nacional.
La investigación se centra en el
estudiantado de primer año inscrito en la licenciatura Médico Cirujano durante
el ciclo escolar 2025. Este es un momento relevante, al encontrarse en las
etapas iniciales de su formación, antes de una exposición prolongada a la
práctica clínica. Por lo tanto, sus ideas sobre el papel de los profesionales
médicos y su relación con los pacientes están en proceso de fortalecimiento.
Existe un vacío de conocimiento
sobre el nivel de percepción de la violencia por razones de género del
estudiantado en los primeros años de medicina en México. Aunque el asunto es
conocido en otras áreas, su expresión en la relación profesional de la salud-paciente
por estereotipos, roles y mandatos de género sigue siendo un campo poco
investigado.
Este escenario da lugar a una
contradicción esencial: por un lado, la medicina se basa en los principios de
equidad y no maleficencia; por otro lado, la socialización cultural del
estudiantado, cargada de estereotipos, puede llevar a la invisibilidad o normalización
de estas formas de violencia. En otras palabras, se requiere una práctica
profesional sin sesgos donde el estudiantado llegue sin prejuicios y logre
reconocer estas circunstancias.
La falta de un análisis crítico
sobre la violencia por razones de género en la educación médica puede tener
consecuencias serias, como es el fortalecimiento de su invisibilidad. Si la
violencia no se menciona ni se investiga, se consolida el concepto de inexistencia
o poca relevancia clínica. Esto puede generar un ciclo de silencio donde las
microagresiones se vuelven normales, y si la falta de datos persiste, las
víctimas no se identifican como tales, responsabilizando su malestar a una
sensibilidad personal y no a una dinámica abusiva de poder.
Asimismo, un profesional no
sensibilizado tiene la tendencia a replicar prejuicios de género, lo cual se
evidencia en la subestimación del testimonio del paciente o en la normalización
de la violencia simbólica. Esta última puede ser la antesala de formas más
evidentes de violencia, como la negligencia o coacción en las decisiones
reproductivas.
La confianza es la base de la
práctica médica y la violencia por razones de género la afecta directamente,
ocasionando una falta de apego al tratamiento o un retraso en la búsqueda de
atención médica por parte del paciente, mientras su salud corre el riesgo de
deteriorarse.
La hipótesis de la presente
investigación es: "El estudiantado de medicina de primer año (ciclo
escolar 2025) de la Facultad de Medicina de la UNAM presenta un nivel
disminuido en la identificación de violencia por razones de género en
situaciones comunes de la relación profesional de la salud-paciente".
Se realizó
un estudio cuantitativo, no experimental, con un diseño transversal y de
alcance descriptivo.
Las personas participantes se
determinaron a partir de:
· Universo: Personas
estudiantes de la Facultad de Medicina de la UNAM inscritas en la licenciatura
de Médico Cirujano (N=9,505).
· Población: Persona
estudiante inscrita en el primer año de la licenciatura de Médico Cirujano
durante el ciclo escolar 2025. (N=1,930)
· Muestra y muestreo: Se
empleó un muestreo no probabilístico por conveniencia. La muestra estuvo
conformada por el estudiantado de la población quienes cumplieron con los
criterios de inclusión y aceptaron participar voluntariamente en el estudio.
· Unidad de análisis: Cada
persona estudiante inscrita en el primer año de la licenciatura.
· Criterios de inclusión: 1.
Ser persona estudiante inscrita en el primer año de la licenciatura de Médico
Cirujano de la Facultad de Medicina; 2. Aceptar a participar voluntariamente; y
3. Completar el cuestionario en su totalidad.
· Criterios de exclusión: 1.
Cuestionarios incompletos; y 2. Retirar el consentimiento para participar en el
estudio.
El
instrumento de recolección de datos fue un cuestionario ad hoc, diseñado a
partir de la representación de situaciones de la relación profesional de
salud-paciente donde estuviera involucrado un estereotipo, rol o mandato de género.
La unidad de significado principal fue el "nivel de percepción de la
violencia por razones de género".
El
cuestionario se compuso con un total de ocho escenarios hipotéticos del ámbito
médico, los cuales debían ser evaluados por las personas participantes mediante
una escala tipo Likert de 11 puntos (de 0 a 10), donde 0 representa
"Ninguna violencia" y 10 "Máxima violencia". Los escenarios
fueron:
· E1. Hombre de 35 años acude
a consulta acompañado de su esposa, quien se refiere al paciente como “débil”
por quejarse de un dolor que ella considera mínimo.
· E2. Niña de tres meses es
llevada a consulta por tener fiebre. En la toma de los signos vitales, el
familiar decide pasar con una mujer enfermera, porque considera que las mujeres
tienen mayor cuidado con los niños.
· E3. Al atender a un niño de
dos años acompañado por ambos padres, usted decide dirigir las preguntas a la
madre por considerar que el padre está poco involucrado en el cuidado del
paciente.
· E4. Al comentarte un
paciente sobre la sorpresa de identificar a varios hombres como parte del
personal de enfermería, ya que, esta actividad siempre la habían llevado
mujeres porque son más empáticas en el cuidado de los niños.
· E5. Al comentarte un
paciente sobre la sorpresa de ver a mujeres como parte del personal de
vigilancia del hospital, puesto que, anteriormente han sido por hombres al ser
más fuertes.
· E6. Al encontrarse en una
cirugía, se decide elegir a una mujer enfermera como instrumentista, pues
tradicionalmente, siempre lo han realizado.
· E7. Mujer de 24 años acude a
consulta por presentar una infección vaginal. Al explicarle el tratamiento, la
paciente le comenta que no es necesario la expedición de una receta para la
pareja, pues es una responsabilidad sólo de las mujeres.
· E8. Hombre de 19 años acude
a consulta para aplicarse la vacuna contra el tétanos y difteria; al término de
la aplicación decide entregarle un par de preservativos; pero el paciente
decide regresarlos al indicarle que esa es una responsabilidad de las mujeres.
La
validez de contenido del instrumento se aseguró mediante juicio de expertos
empleando una metodología Delphi modificada y se realizó una prueba piloto para
evaluar la claridad y comprensión.
La
investigación se desarrolló en las siguientes fases:
· Preparatoria: Se definieron
los fundamentos teóricos y metodológicos, y se realizó una búsqueda de
literatura para el diseño del instrumento.
· Validación: Se elaboró el
cuestionario y se sometió a validación por juicio de expertos y a una prueba
piloto.
· Recolección de datos: El
cuestionario se implementó digitalmente en la plataforma Moodle, la cual, se
emplea para las actividades académicas del estudiantado.
· Análisis: Se empleó la
estadística descriptiva para analizar los datos. Para cada uno de los
escenarios del cuestionario se calcularon las frecuencias, los porcentajes y
las medidas de tendencia
· central y de dispersión. El
propósito del análisis fue el de caracterizar el nivel de percepción de la
violencia por razones de género en la muestra. El procesamiento se realizó con
el software estadístico JASP (versión 0.19).
La
investigación se adhirió a los principios éticos para la investigación con
seres humanos. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas
participantes antes de responder el cuestionario. En dicho consentimiento se
explicó el objetivo del estudio, el carácter voluntario y anónimo de su
participación, y su derecho a retirarse en cualquier momento sin alguna
afectación en su situación académica. Se garantizó en todo momento la
confidencialidad de la información recolectada.
Participaron en el estudio un total
de 1,214 personas estudiantes de primer año de la licenciatura de Médico
Cirujano. La caracterización demográfica reveló una mayoría de las personas
participantes con el sexo asignado al nacer mujer (70.6%, n=857), en comparación
con un 29.0% de hombres (n=352) y un 0.4% de intersexuales (n=5). En cuanto al
género, el 89.37% (n=1085) se identificó como cisgénero, mientras el 10.6%
restante con una diversidad de género: agénero (3.78%, n=46), sexo no ajustado
(2.47%, n=30), no binario (1.31%, n=16), género fluido (1.23%, n=15), bigénero (1.07%, n=13), pangénero (0.32%, n=4), transgénero
(0.24%, n=3), e intergénero (0.16%, n=2).
En una escala de 0 a 10, el promedio
del puntaje global de los escenarios mostrados fue de 6.77 (DE=3.5). No obstante, este
promedio no representa del todo la distribución de las respuestas. La mediana
fue de 8.12, y la moda fue 10 en siete de los ocho escenarios examinados. Esta
diferencia entre la media y los demás indicadores de tendencia central sugiere
una polarización significativa en las percepciones del estudiantado. En la
Tabla 1, se muestra la estadística descriptiva de cada uno de los escenarios integrantes del instrumento usado.
|
Tabla 1. Estadística descriptiva de cada escenario |
||||||
|
Escenario |
Promedio |
Mediana |
Moda |
Desviación |
Mínimo |
Máximo |
|
E1 |
6.762 |
9 |
10 |
3.923 |
0 |
10 |
|
E2 |
6.345 |
7 |
10 |
3.64 |
0 |
10 |
|
E3 |
6.693 |
8 |
10 |
3.729 |
0 |
10 |
|
E4 |
6.493 |
8 |
10 |
3.683 |
0 |
10 |
|
E5 |
6.703 |
8 |
10 |
3.765 |
0 |
10 |
|
E6 |
6.624 |
8 |
10 |
3.811 |
0 |
10 |
|
E7 |
7.158 |
10 |
10 |
3.88 |
0 |
10 |
|
E8 |
7.384 |
10 |
10 |
4.006 |
0 |
10 |
El análisis de frecuencias reveló
una concentración de las respuestas en los extremos de la escala en lugar de
una distribución normal, evidenciando dos grupos distintos dentro de la
muestra. Como se detalla en la Tabla 2, para la mayoría de los escenarios, un
grupo de estudiantes (entre un 15% y un 20%) calificó la situación con
"0" (ninguna violencia), mientras otro (entre un 30% y un 60%) la
calificó con "10" (máxima violencia). Por ejemplo, en el Escenario 8
(responsabilidad de la anticoncepción), el 20.0% de las personas participantes
no percibió ninguna violencia, mientras el 60.2% la identificó con la máxima intensidad.
Esta distribución bimodal fue una constante en todos los casos, indicando que
el estudiantado tiende a no presentar percepciones intermedias, sino a
identificar la violencia de manera contundente o a no reconocerla en absoluto.
Si bien la polarización fue el
patrón dominante, existieron diferencias en el nivel de percepción promedio
entre los distintos escenarios (ver Tabla 1). Las situaciones con mayor
reconocimiento de violencia fueron aquellas relacionadas con mandatos de género
sobre la salud sexual y la anticoncepción:
· Escenario 8 (responsabilidad
de los preservativos): Promedio = 7.38.
· Escenario 7 (responsabilidad
del tratamiento de una ITS): Promedio = 7.15.
En contraste, el escenario con el
promedio de percepción más baja, aunque aún por encima del punto medio de la
escala, fue el Escenario 2 (M=6.34), relacionado con el rol de cuidado al
preferir a una enfermera para atender a un infante.
|
Tabla 2. Estadística de frecuencia de cada caso
|
||||||||
|
Respuesta |
E1 |
E2 |
E3 |
E4 |
E5 |
E6 |
E7 |
E8 |
|
0 |
19.8% (241) |
15.8% (193) |
16.3% (199) |
16.9% (206) |
17.9% (218) |
18.2% (221) |
18.2% (221) |
20.0% (243) |
|
1 |
1.6% (20) |
2.5% (31) |
2.3% (28) |
1.6% (20) |
1.4% (18) |
1.5% (19) |
1.3% (16) |
0.8% (10) |
|
2 |
0.9% (12) |
2.4% (30) |
1.5% (19) |
1.7% (21) |
1.0% (13) |
1.8% (22) |
1.0% (13) |
0.4% (6) |
|
3 |
1.5% (19) |
2.5% (31) |
2.3% (29) |
2.1% (26) |
1.8% (23) |
1.6% (20) |
0.8% (10) |
0.3% (4) |
|
4 |
1.9% (24) |
3.2% (40) |
2.9% (36) |
3.7% (46) |
2.3% (28) |
2.2% (27) |
1.4% (17) |
0.7% (9) |
|
5 |
3.8% (47) |
9.7% (118) |
5.9% (72) |
7.8% (95) |
6.0% (74) |
7.7% (94) |
4.1% (50) |
2.8% (34) |
|
6 |
4.0% (49) |
5.7% (70) |
4.6% (57) |
5.6% (68) |
4.9% (60) |
4.2% (52) |
2.7% (33) |
2.0% (25) |
|
7 |
4.9% (60) |
8.1% (99) |
6.0% (73) |
7.2% (88) |
6.7% (82) |
6.5% (80) |
4.6% (56) |
1.8% (22) |
|
8 |
10.6% (129) |
11.2% (136) |
11.6% (142) |
10.5% (128) |
10.1% (123) |
9.3% (114) |
7.5% (92) |
5.0% (61) |
|
9 |
8.1% (99) |
7.5% (92) |
9.1% (111) |
10.2% (125) |
10.3% (126) |
7.6% (93) |
7.0% (86) |
5.6% (68) |
|
10 |
42.3% (514) |
30.8% (374) |
36.9% (448) |
32.2% (391) |
36.9% (449) |
38.8% (472) |
51.0% (620) |
60.2% (732) |
Al término de una intervención educativa sobre los conceptos de género, se les preguntó a los estudiantes sobre la probabilidad de presentarse la violencia por razones de género en la relación profesionista de la salud-paciente sin ser percibida en una escala del 0 al 10, donde 0 representa “nada probable” y 10 “muy probable”. En este caso, la respuesta fue abrumadoramente alta, con un promedio de 8.54 (DE=2.19) y una mediana de 10.
Como se muestra en la Tabla 3, más de 54% de las personas participantes respondieron con "10" (Muy probable). Este resultado evidencia una alta conciencia teórica sobre la sutileza y prevalencia del fenómeno, contrastando con la incapacidad de un segmento de la muestra para identificarlo en situaciones concretas.
|
Tabla
3. Distribución de las
respuestas post explicación |
||
|
Respuesta |
Porcentaje |
Porcentaje acumulado |
|
0 |
1.07% (13) |
1.07% |
|
1 |
0.82% (10) |
1.89% |
|
2 |
0.74% (9) |
2.63% |
|
3 |
2.05% (25) |
4.69% |
|
4 |
1.56% (19) |
6.26% |
|
5 |
5.43% (66) |
11.69% |
|
6 |
4.11% (50) |
15.81% |
|
7 |
5.43% (66) |
21.25% |
|
8 |
13.50% (164) |
34.76% |
|
9 |
11.12% (135) |
45.88% |
|
10 |
54.11% (657) |
100% |
Se encontró una diferencia estadísticamente significativa (Tabla 4) entre la percepción de violencia de género del estudiantado cisgénero (n=1085) en el promedio de los ocho escenarios (M=6.85), en comparación con el de personas con identidades de género diversas (M=6.06).
|
Tabla 4. Diferencia del promedio de los ocho
escenarios |
|||
|
Prueba |
Estadístico |
gl |
p |
|
T de Student para muestras
independientes |
2.427 |
1212 |
0.015 |
|
Welch |
2.474 |
161.664 |
0.014 |
Al comparar estadísticamente el promedio de los ocho escenarios de las personas participantes cisgénero (Tabla 5), es significativamente mayor la identificación de la violencia por las mujeres (M= 6.93) en comparación con sus pares hombres (M=6.70).
|
Tabla 5. Diferencia del promedio de los ocho escenarios en participantes cisgénero |
|||
|
Prueba |
Estadístico |
gl |
p |
|
T de Student para muestras independientes |
-0.964 |
1081 |
0.335 |
|
Welch |
-0.99 |
622.423 |
0.323 |
Para validar estadísticamente la polarización observada en las respuestas, se realizó un análisis de clústeres K-Medias con el objetivo de agrupar a las personas participantes en perfiles de percepción distintos (Tabla 6). El análisis confirmó la existencia de dos grupos claramente diferenciados:
Grupo 1 - "Alta percepción" (n=922): Representa al 75.9% de la muestra, caracterizado por una alta y consistente sensibilidad ante la violencia de género al identificarla con la máxima severidad. Los centros de este grupo fueron positivos para todos los escenarios evaluados (ej., E8 = 0.512), por lo tanto, sus puntuaciones se sitúan sistemáticamente por encima del promedio general.
Grupo 2 - "Baja percepción" (n=292): Este grupo representa al segmento del estudiantado con "puntos ciegos" críticos (24.1% de la muestra). Sus centros fueron fuertemente negativos en todos los escenarios (ej., E8 = - 1.616), concentrándose sus respuestas en el extremo inferior de la escala.
|
Tabla 6. Información de los grupos |
|
|
|
Característica |
G1 |
G2 |
|
Tamaño |
922 |
292 |
|
Proporción explicada de Heterogeneidad dentro del conglomerado |
0.744 |
0.256 |
|
Suma de cuadrados Dentro |
2103 |
724.9 |
|
Puntuación de siluetas |
0.657 |
0.663 |
|
Centro del Escenario 1 |
0.477 |
-1.505 |
|
Centro del Escenario 2 |
0.43 |
-1.358 |
|
Centro del Escenario 3 |
0.46 |
-1.453 |
|
Centro del Escenario 4 |
0.459 |
-1.451 |
|
Centro del Escenario 5 |
0.483 |
-1.524 |
|
Centro del Escenario 6 |
0.47 |
-1.484 |
|
Centro del Escenario 7 |
0.493 |
-1.556 |
|
Centro del Escenario 8 |
0.512 |
-1.616 |
El análisis de la composición de los grupos por identidad de género (Tabla 7) muestra una distribución del estudiantado cisgénero del 76.7% en el grupo 1 de "Alta percepción" y el 23.3% en el 2 de "Baja percepción". De manera similar, la mayoría de las personas estudiantes con identidades de género diversas (69.8%) mostró una alta sensibilidad, y un 30.2% de este grupo se clasificó en el grupo de "Baja percepción". Estos resultados cuantifican la existencia de una minoría significativa con baja percepción de la violencia de forma transversal en las distintas identidades de género.
|
Tabla 7. Distribución de los grupos |
|
|
|
Identidad de género |
Grupo 1 |
Grupo 2 |
|
Agénero |
3.03% (n=28) |
6.16% (n=18) |
|
Bigénero |
1.19% (n=11) |
0.68% (n=2) |
|
Cisgénero |
90.23% (n=832) |
86.64% (n=253) |
|
Género fluido |
1.19% (n=11) |
1.36% (n=4) |
|
Intergénero |
0% (n=0) |
0.68% (n=2) |
|
No binario |
1.40% (n=13) |
1.02% (n=3) |
|
Pangénero |
0.32% (n=3) |
0.34% (n=1) |
|
Persona de sexo no ajustado (non-conforming) |
2.38% (n=22) |
2.73% (n=8) |
|
Transgénero |
0.21% (n=2) |
0.34% (n=1) |
|
Total |
922 |
292 |
Al realizar la comparación de la probabilidad de presentarse la violencia por razones de género de forma desapercibida, el grupo de “Alta percepción” obtuvo un promedio de 8.755 (DE=2.05) mientras el grupo de “Baja percepción” de 7.863 (DE=2.46), sin embargo, en ambos grupos la puntuación mínima fue de “0” (Nada probable) y como máxima “10” (Muy probable) tal como se muestra en la Tabla 8.
|
Tabla 8. Comparación de la probabilidad de la violencia por razones de género de forma desapercibida
|
||||||
|
Respuesta |
|
Grupo 1 |
|
Grupo 2 |
||
|
Total |
% |
% Acumulado |
Total |
% |
% Acumulado |
|
|
0 |
12 |
1.3 |
1.3 |
1 |
0.3 |
0.3 |
|
1 |
5 |
0.5 |
1.8 |
5 |
1.7 |
2.1 |
|
2 |
5 |
0.5 |
2.4 |
4 |
1.4 |
3.4 |
|
3 |
14 |
1.5 |
3.9 |
11 |
3.8 |
7.2 |
|
4 |
9 |
1 |
4.9 |
10 |
3.4 |
10.6 |
|
5 |
36 |
3.9 |
8.8 |
30 |
10.3 |
20.9 |
|
6 |
29 |
3.1 |
11.9 |
21 |
7.2 |
28.1 |
|
7 |
49 |
5.3 |
17.2 |
17 |
5.8 |
33.9 |
|
8 |
119 |
12.9 |
30.2 |
45 |
15.4 |
49.3 |
|
9 |
110 |
11.9 |
42.1 |
25 |
8.6 |
57.9 |
|
10 |
534 |
57.9 |
100 |
123 |
42.1 |
100 |
El propósito de esta investigación fue diagnosticar el nivel de percepción de la violencia por razones de género en el ámbito médico entre el estudiantado de primer año de la carrera de Médico Cirujano. Aunque la hipótesis inicial planteaba un nivel de identificación disminuido, los resultados revelan un panorama más complejo: en lugar de una percepción uniformemente baja, el hallazgo principal es una marcada polarización en las respuestas de los futuros profesionales de la salud.
Este fenómeno, donde una parte significativa de la muestra no identifica ninguna forma de violencia (calificando los escenarios con "0"), mientras un grupo más grande la califica con la máxima severidad ("10"), sugiere la existencia de dos visiones dentro de la misma población. Esta bimodalidad puede interpretarse como un reflejo del proceso de socialización de género. Por un lado, el grupo que minimiza o niega la violencia podría haber incorporado a fondo los mandatos, roles y estereotipos de género, considerándolos como parte del "orden natural" de las interacciones sociales.
En cambio, la sensibilidad elevada del segundo grupo puede ser una consecuencia de su mayor exposición a discursos críticos sobre género, permitiéndoles reconocer estas sutilezas como expresiones de una estructura de poder desigual.
Los resultados son esclarecedores con respecto a la hipótesis. Aunque un promedio global de 6.77 podría indicar un incumplimiento, un análisis más exhaustivo demuestra lo contrario. La existencia de un subgrupo consistente (24%) con una percepción nula de la violencia confirma la presencia de una parte importante de los futuros profesionistas en medicina que podrían comenzar su ejercicio profesional con "puntos ciegos" críticos, lo cual supone un riesgo para la seguridad y calidad de la atención del paciente.
Los escenarios considerados como más violentos fueron los relacionados con los mandatos de género (E7 y E8). Por otro lado, las situaciones relacionadas con los roles de género (E2) produjeron una percepción de violencia más baja. Esto podría señalar una mayor sensibilidad del estudiantado a las injusticias de género en el campo de la autonomía sexual y corporal, un asunto muy visible en el discurso público actual; sin embargo, siguen normalizando las desigualdades basadas en los roles, viéndolas como menos problemáticas o incluso 'naturales'. Esta distinción es crucial, para crear intervenciones educativas donde se aborden de manera concreta la desnaturalización de los roles de género.
El grupo de "Baja percepción" está integrado por personas quienes niegan de manera activa la presencia de violencia en los escenarios (calificación de "0"). Esta negación implica un marco interpretativo totalmente impermeable a la visión de género. Desde la perspectiva de la formación, este perfil de personas estudiantes requiere no solo de sensibilización, sino una intervención pedagógica integral donde se identifiquen y desarraiguen los sesgos y prejuicios inconscientes, los cuales ya están sólidamente instaurados al comenzar su carrera.
Estos resultados son consistentes con la literatura. La dificultad para identificar formas sutiles de agresión ya ha sido reportada en personas estudiantes de medicina en Argentina (Matorras et al., 2020). De manera similar, estudios en Colombia encontraron la persistencia de creencias sexistas minimizadoras de la violencia de género, incluso en muestras con mayoría de mujeres (Saldarriaga et al., 2021). Por tanto, la polarización hallada evidencia una falla estructural en el currículo, que, como señalan investigaciones en Nigeria, a menudo es insuficiente para estandarizar competencias profesionales en esta área, permitiendo una construcción de las percepciones a partir de la socialización cultural y no por la formación académica (Fawole et al., 2019).
El propósito de esta investigación fue diagnosticar el nivel de percepción de la violencia por razones de género en el ámbito médico entre el estudiantado de primer año de la carrera de Médico Cirujano. Aunque la hipótesis inicial planteaba un nivel de identificación disminuido, los resultados revelan un panorama más complejo: en lugar de una percepción uniformemente baja, el hallazgo principal es una marcada polarización en las respuestas de los futuros profesionales de la salud.
Este fenómeno, donde una parte significativa de la muestra no identifica ninguna forma de violencia (calificando los escenarios con "0"), mientras un grupo más grande la califica con la máxima severidad ("10"), sugiere la existencia de dos visiones dentro de la misma población. Esta bimodalidad puede interpretarse como un reflejo del proceso de socialización de género. Por un lado, el grupo que minimiza o niega la violencia podría haber incorporado a fondo los mandatos, roles y estereotipos de género, considerándolos como parte del "orden natural" de las interacciones sociales. En cambio, la sensibilidad elevada del segundo grupo puede ser una consecuencia de su mayor exposición a discursos críticos sobre género, permitiéndoles reconocer estas sutilezas como expresiones de una estructura de poder desigual.
Los resultados son esclarecedores con respecto a la hipótesis. Aunque un promedio global de 6.77 podría indicar un incumplimiento, un análisis más exhaustivo demuestra lo contrario. La existencia de un subgrupo consistente (24%) con una percepción nula de la violencia confirma la presencia de una parte importante de los futuros profesionistas en medicina que podrían comenzar su ejercicio profesional con "puntos ciegos" críticos, lo cual supone un riesgo para la seguridad y calidad de la atención del paciente.
Los escenarios considerados como más violentos fueron los relacionados con los mandatos de género (E7 y E8). Por otro lado, las situaciones relacionadas con los roles de género (E2) produjeron una percepción de violencia más baja. Esto podría señalar una mayor sensibilidad del estudiantado a las injusticias de género en el campo de la autonomía sexual y corporal, un asunto muy visible en el discurso público actual; sin embargo, siguen normalizando las desigualdades basadas en los roles, viéndolas como menos problemáticas o incluso 'naturales'. Esta distinción es crucial, para crear intervenciones educativas donde se aborden de manera concreta la desnaturalización de los roles de género.
El grupo de "Baja percepción" está integrado por personas quienes niegan de manera activa la presencia de violencia en los escenarios (calificación de "0"). Esta negación implica un marco interpretativo totalmente impermeable a la visión de género. Desde la perspectiva de la formación, este perfil de personas estudiantes requiere no solo de sensibilización, sino una intervención pedagógica integral donde se identifiquen y desarraiguen los sesgos y prejuicios inconscientes, los cuales ya están sólidamente instaurados al comenzar su carrera.
Estos resultados son consistentes con la literatura. La dificultad para identificar formas sutiles de agresión ya ha sido reportada en personas estudiantes de medicina en Argentina (Matorras et al., 2020). De manera similar, estudios en Colombia encontraron la persistencia de creencias sexistas minimizadoras de la violencia de género, incluso en muestras con mayoría de mujeres (Saldarriaga et al., 2021). Por tanto, la polarización hallada evidencia una falla estructural en el currículo, que, como señalan investigaciones en Nigeria, a menudo es insuficiente para estandarizar competencias profesionales en esta área, permitiendo una construcción de las percepciones a partir de la socialización cultural y no por la formación académica (Fawole et al., 2019).
Es importante reconocer las limitaciones de la presente investigación para contextualizar adecuadamente sus hallazgos y orientar futuras líneas de trabajo como es la generalización de los resultados derivados del método de muestreo. Al haberse empleado un muestreo no probabilístico por conveniencia, los resultados obtenidos son representativos únicamente de la muestra participante y no pueden ser generalizados al existir la posibilidad de un sesgo de autoselección, donde el estudiantado más interesado o sensibilizado con el tema pudo haber tenido una mayor disposición a participar. Aunado al sesgo de deseabilidad social, al ser la violencia de género un tema de alta sensibilidad, algunas personas participantes podrían haber respondido de la manera considerada más "correcta" o aceptable socialmente, en lugar de reflejar sus percepciones genuinas, influenciado las puntuaciones de percepción.
La investigación se realizó en una universidad pública con un historial de activismo en temas de género, ante esto, podría haber influido en las percepciones del estudiantado. Ante esto, la polarización observada podría ser una característica particular de este entorno.
La evaluación se basó en escenarios hipotéticos escritos, lo cual es una simplificación de la realidad clínica. La respuesta cognitiva ante una viñeta puede no reflejar la percepción o el comportamiento de las personas estudiantes ante una interacción real, donde factores como la comunicación no verbal y el estrés juegan un papel importante.
El diseño transversal ofrece una "fotografía" de las percepciones en un único momento del tiempo, impidiendo establecer relaciones de causalidad o analizar cómo estas percepciones podrían evolucionar a lo largo de la formación académica y la exposición a la práctica clínica. Al centrarse exclusivamente en personas estudiantes de primer año, los resultados reflejan percepciones pre-clínicas, sin poder inferir cómo estas se transforman con la exposición al currículo formal y oculto de la medicina.
Finalmente, la metodología cuantitativa, si bien permite identificar y medir el nivel de percepción y el fenómeno de la polarización, no ofrece una explicación sobre las razones y motivaciones subyacentes a estas percepciones; y el instrumento usado fue un cuestionario ad hoc diseñado para los fines específicos de esta investigación y al no ser una escala estandarizada y validada a nivel internacional, sus propiedades psicométricas podrían ser un área de mejora en estudios futuros.
Esta investigación se propuso diagnosticar el nivel de percepción de la violencia por razones de género en el estudiantado de medicina de primer ingreso, partiendo de la hipótesis de que este sería disminuido. El hallazgo más significativo no fue una percepción uniformemente baja, sino una marcada polarización: mientras un grupo mayoritario de personas estudiantes identifica con la máxima severidad las manifestaciones de violencia de género, un subgrupo considerable (24%) las normaliza al punto de no percibir violencia alguna.
Este hallazgo, aunque con matices, respalda la tesis principal: existe una parte importante de futuros profesionales de la salud en medicina con "puntos ciegos" para identificar la violencia por razones de género. Esta disparidad en la percepción no se trata simplemente de un dato estadístico, sino de una advertencia acerca de las posibles acciones a presentarse en la futura práctica clínica médica. La incapacidad para identificar la violencia sutil puede resultar en una atención de menor calidad, en donde los pacientes sean revictimizados y la confianza, elemento esencial de la relación profesional de salud-paciente, se vea deteriorada.
Se sugiere, por ende, realizar estudios futuros con métodos cualitativos para investigar los motivos subyacentes de esta polarización, así como estudios longitudinales donde se evalúen cómo estas percepciones cambian (o se consolidan) a lo largo de los años de formación. Es esencial, a nivel institucional, superar la teoría e incorporar en el currículo médico intervenciones psicoeducativas obligatorias y transversales con una pedagogía deconstructiva con el objetivo de desarraigar activamente los estereotipos y proporcionar al estudiantado herramientas prácticas para una atención equitativa y segura.
La medicina del futuro no puede permitirse ser neutral ante las desigualdades. Formar profesionales de la salud con una perspectiva de género no es una opción, sino un imperativo ético para garantizar el derecho a una vida libre de violencia, incluso dentro del consultorio.
Alcívar, N. L., Montecé, S. A., & Montecé, L. A. (2021). La igualdad y el feminismo. Dilemas contemporáneos: Educación, Política y Valores, 9(1), Número especial. https:// doi.org/10.46377/dilemas.v9i.2984
Bosch-Fiol, E., & Ferrer-Pérez, V. (2012). Nuevo mapa de los mitos sobre la violencia de género en el siglo XXI. Psicothema, 24(4), 548-554. https:// www.psicothema.com/pdf/4052.pdf
Cassinelli, M. T. (2017). Introducción a la bioética. Revista Uruguaya de Cardiología, 32(3), 240-248. https:// doi.org/10.29277/ruc/32.3.4
Chapa, A. C., Cadena, I., Almanza, A. M., & Gómez, A. H. (2022). Violencia de género en la universidad: percepciones, actitudes y conocimientos desde la voz del estudiantado. Revista Guillermo de Ockham, 20(1), 77-91. https:// doi.org/10.21500/22563202.5648
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (s. f.). Relatoría sobre los derechos de la mujer. https://www.cidh.oas.org/women/ acceso07/cap1.htm
Comisión Nacional de los Derechos Humanos. (2003). Prevención de la violencia, atención a grupos vulnerables y los derechos humanos. Los derechos de los pacientes (Fascículo 4). http://appweb.cndh.org.mx/biblioteca/archivos/ pdfs/DH_11.pdf
Comisión Nacional de los Derechos Humanos. (2021). La Conferencia de Beijing y los derechos humanos de la mujer. https:// igualdaddegenero.cndh.org.mx/doc/ Promocion/ Relatorias/4ta_Conferencia_Beijing.pdf
Dirección de Género, Diversidad y Equidad. (2021). El abordaje de la violencia y discriminación por motivos de género: ¿cómo acoger a una persona que las vive? Universidad de Santiago de Chile. https://direcciondegenero.usach.cl/
Fawole, O. I., van Wyk,
J. M., Balogun, B. O., Akinsola, O. J., & Adejimi,
A. (2019). Preparing
medical students to recognize and respond to gender based
violence in Nigeria. African Health Sciences, 19(1), 1486-1498. https://doi.org/10.4314/
ahs.v19i1.22
Freitas, R. F., Francisco, A. M., Fernandes, M. A., & Mar, M. (2021). Ética médica en la práctica clínica. Revista de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, 81(4), 622-624. . https:// dx.doi.org/10.4067/s0718- 48162021000400622
García, G. (2021). Estereotipos y elementos que intervienen en la perspectiva de género desde la perspectiva del alumnado. IE Revista de Investigación Educativa de la REDIECH, 13, e1574. https:// doi.org/10.33010/ ie_rie_rediech.v13i0.1574
González-Gijón, G., Alemany-Arrebola, I., Ruiz-Garzón, F., & Ortíz-Gómez, M. M. (2024). Los estereotipos de género en adolescentes: análisis en un contexto multicultural. Revista Colombiana de Educación, (90), 164-184. https:// doi.org/10.17227/rce.num90-14644
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2021). Violencia contra las mujeres en México. https://www.inegi.org.mx/ tablerosestadisticos/vcmm/
Laínez, N. G., Martínez, G., Portillo, D. A., Alvarenga, A. F., & Véliz, A. M. (2023). Consecuencias físicas y psicológicas de la violencia obstétrica en países de Latinoamérica. Alerta, Revista Científica del Instituto Nacional de Salud, 6(1), 70-77. https://doi.org/10.5377/ alerta.v6i1.15231
Macías-Valadez-Márquez, G., & Luna-Lara, M.G.
(2018). Validación de una Escala de Mandatos de Género en universitarios de
México. CienciaUAT, 12(2), 67-77.
https://www.scielo.org.mx/scielo.php? script=sci_arttext&pid=S2007-
78582018000100067
Maier-Hirsch, E. (2020). Revistando el Sentipensar
de la Segunda Ola Feminista: Contextos, miradas, hallazgos y limitaciones. Culturales, 8, e485. https://
doi.org/10.22234/recu.20200801.e485
Matorras, L. E., Servin, R. E., & Auchter, M. C. (2021). Los estudiantes de medicina frente a la violencia de género año 2020. En Libro de Artículos Científicos en Salud. Facultad de Medicina, Universidad Nacional del Nordeste. https:// med.unne.edu.ar/wp-content/ uploads/2021/10/2021_23.pdf
Momblac, L. C. (2020). El derecho de los pacientes: fundamentos teóricos y comparados. LEX, 18(25). http:// dx.doi.org/10.21503/lex.v18i25.2097
Organización de los Estados Americanos. (1994). Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer "Belém do Pará". https://www.oas.org/juridico/ spanish/tratados/a-61.html
Organización Mundial de la Salud. (2021, 9 de marzo). La violencia contra la mujeres omnipresente y devastadora: la sufren una de cada tres mujeres. https://www.who.int/ es/news/item/09-03-2021-devastatingly- pervasive-1-in-3-women-globally- experience-violence
Penagos, G., Miranda, S., Ramírez, A., & Martínez, J. (2021). Construcción de mandatos de género en niñas y niños de edad preescolar en Zinacantán, Chiapas. Sociedad e Infancias, 5(2), 99-110. https://doi.org/10.5209/soci.77811
Ramallo, R. M., Lozano, M., Durán, I., & Corrales, I. (2024). Violencia obstétrica, una visión actual. Definición, percepción por parte de profesionales y propuestas de mejora. Revisión narrativa. Ginecología y Obstetricia de México, 92(2), 85-96. https://doi.org/10.24245/ gom.v92i2.9395
Saldarriaga, G., Cárdenas, P. I., González, N. M., Velásquez, F. A., Díaz, O. S., & Ruidiaz, K. (2021). Creencias sexistas y actitudes de violencia de género. Situación de estudiantes universitarios del área de la salud. Cartagena Colombia. Enfermería Global, 20(62), 35-64. https:// dx.doi.org/10.6018/eglobal.427171
Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género. (2017). Orientaciones Técnicas 2018-2019. Centros de la Mujer. Gobierno de Chile. https://transparencia.sernam.cl/ docs/2018/01/17_02018_20220713_122839.pdf
Tragapa, M. A. (2018). La bioética y sus principios al alcance del médico en su práctica diaria. Archivos de Investigación Materno Infantil, 9(2), 53-59. https:// www.medigraphic.com/pdfs/imi/imi-2018/ imi182c.pdf
Fecha
de recepción: 9 de octubre de 2025
Fecha
de dictaminación: 22 de noviembre de 2025
Fecha
de aceptación: 28 de febrero de 2026
Fecha
de publicación: 21 de marzo de 2026