Pensamiento Crítico. Revista de Investigación Multidisciplinaria
Año 10, No. 19, Julio—Diciembre, 2024, pp. 15 – 29
https://www.doi.org/10.64040/j4vkak19
Correlación entre la influencia de las redes sociales y la violencia en noviazgos adolescentes
Correlation between the influence of social
networks and violence in adolescent dating
Sarah Abigail Franco González
https://orcid.org/0009-0007-9547-0361
Universidad del Valle de México
Silvia Alicia Cabrera Torres
https://orcid.org/0009-0005-3871-8020
Universidad del Valle de México
Mayra Lizeth Hernández Flores
https://orcid.org/0009-0004-6444-3940
Universidad del Valle de México
Resumen
En los últimos años, ha aumentado la violencia en parejas adolescentes.
Este estudio buscó relacionar el contenido observado en redes sociales con
conductas violentas en relaciones de jóvenes de 15 a 18 años. Se realizó una
investigación no experimental transeccional descriptiva, utilizando pruebas no
paramétricas correlacionales y de diferenciación por nivel de violencia y tipo
de escuela (pública o privada). Los resultados mostraron una correlación débil
entre el uso de redes sociales y la violencia, pero una diferencia
significativa entre los videos de ánime y otros contenidos violentos. No se
encontraron diferencias entre el nivel de violencia y el tipo de escuela. Esto
sugiere que no es el tiempo de uso de redes sociales lo que influye en la
violencia, sino el tipo de contenido consumido, apoyando la teoría del
aprendizaje social, que plantea que la conducta es producto de la imitación.
Palabras
clave: Violencia;
aprendizaje social; control; redes sociales; desigualdad de poder.
Abstract
In recent years, there
has been an increase in violence among adolescent couples. This study aimed to
explore the relationship between the content observed on social media and
violent behaviors in dating relationships among youths aged 15 to 18. A
non-experimental, cross-sectional, descriptive study was conducted using
non-parametric tests to analyze correlations and differences in violence levels
based on school type (public or private). Results revealed a weak correlation
between social media use and violence but a significant difference between
anime videos and other violent content. No differences were found in violence
levels based on school type. These findings suggest that the type of content
consumed, rather than the time spent on social media, influences levels of
violence. This aligns with social learning theory, which posits that behavior
results from imitation.
Keywords: Violence;
social learning; control, social networks, power inequality.
INTRODUCCIÓN
Actualmente
existe una gran variedad de definiciones sobre la violencia. De modo que, para
lograr comprender este término de manera precisa, resulta conveniente explorar
su origen etimológico. La palabra “violencia” proviene del latín vis que
significa fuerza, vigor, potencia y latus, pasado participio del verbo ferus,
que se traduce como llevar o transportar. De ahí que, la violencia puede
entenderse como la aplicación de la fuerza hacia algo o alguien, manifestándose
a través de ataques tanto físicos como psicológicos (García & García,
2021). Esto nos lleva a la necesidad de hacer una distinción clara entre la
palabra “agresión” y “violencia”, debido a la confusión que puede existir al
momento de utilizarlas. La agresión se define como una respuesta breve y
espontánea, cuya intención es meramente defensiva y forma parte de una función
biológica inherente a toda especie animal. Por el contrario, la violencia
incluye un componente específico de placer y deseo por dañar al otro (Ostrosky,
2011).
La
violencia entonces, se compone de dos elementos característicos. El primero es
el carácter relacional, que se refiere a una forma particular de comunicación
destinada a modificar el comportamiento de otra persona. Un ejemplo de esto se
observa en las relaciones afectivas, donde a menudo el hombre expresa su
descontento hacia la elección de ciertas prendas de ropa por parte de su
pareja. El segundo elemento es el carácter estructural, el cual se basa en la
vulneración de los derechos humanos básicos de cualquier persona. Ejemplo de
ello en las relaciones de pareja se aprecia cuando se le prohíbe al otro
realizar ciertas actividades, lo que infringe su derecho a la autonomía (García
& García, 2021).
Por
lo tanto, la violencia se fundamenta en relaciones de poder desequilibradas,
donde aquellos con una posición superior, buscan imponer su voluntad sobre el
otro, haciendo uso de medios represivos para obtener lo que desean, entre los
que destacan los daños físicos, verbales, psicológicos, económicos y/o sexuales
(Corsi, 1999; Díaz-Aguado et al., 2004, como se cita en García et al., 2012).
La
violencia física, es de las más evidentes dado que en la mayoría de los casos,
los daños producidos suelen dejar marcas en el cuerpo de la víctima, haciendo
uso de la fuerza física o algún tipo de arma u objeto. La violencia
psicológica, en cambio, es cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad
psicológica de la víctima, ya sea por abandono, el descuido reiterado,
insultos, celos, humillaciones, devaluaciones, infidelidades, comparaciones o
amenazas, provocando en la víctima depresión, aislamiento, devaluación de la
autoestima e incluso el suicidio. En cuanto a la violencia sexual, esta
consiste en degradar o dañar el cuerpo y/o sexualidad de la víctima, al
concebirla como un objeto y atentando contra su libertad, dignidad e integridad
física. La violencia económica, hace referencia a todo acto u omisión que
perjudique la supervivencia económica de la víctima, manifestándose al limitar
el libre uso de las percepciones económicas o al percibir un salario menor al
de otra persona que desempeña un mismo trabajo dentro de cualquier centro
laboral (Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el
Estado de Guanajuato, art. 5, § IV)
En
relación con la prevalencia de esta problemática, Mayoral (2024) enfatiza en
los datos reportados por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género
(CIEG) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), los cuales revelan que tres
de cada diez jóvenes en México han sufrido violencia en sus noviazgos, siendo
la violencia psicológica la de mayor prevalencia. Más aún, recalca que la
secretaria de proyectos estratégicos de dicho centro ha advertido sobre la
urgencia con la que debe abordarse esta problemática, ya que el aumento de
casos de violencia en las relaciones de noviazgo está afectando gravemente la
estabilidad emocional de los jóvenes y su rendimiento académico, asegurando que
muchos de ellos optan por no hablar de este tema debido al miedo que les
provoca o a la falta de alguien de confianza a quien recurrir.
De
la misma manera, en un Comunicado de prensa emitido por la Organización Mundial
de la Salud (OMS, 2024), la directora del Departamento de Salud Sexual y
Reproductiva e Investigaciones Conexas de la OMS, la Dra. Pascale Allootey,
comparte que la violencia de pareja a una edad temprana, incrementa la
posibilidad de sufrir depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no
planificados, infecciones de transmisión sexual, entre muchas otras afecciones
físicas y psicológicas, lo que provoca daños profundos y duraderos en la vida
de quienes la padecen. Por ello se enfatiza en la necesidad de otorgar la
importancia que merece a este problema de salud pública, priorizando el
fortalecimiento de las estrategias de prevención y los servicios de apoyo
existentes.
Por
otro lado, la profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, Claudia Ivethe
Jean Cortés (2022), comparte que sólo de cuatro a 10% de las víctimas denuncian
conductas violentas por parte de sus parejas ante autoridades de salud o
instancias jurídicas, lo que atribuye a la revictimización a la que se exponen
las víctimas al momento de denunciar y al desconocimiento de los procedimientos
legales.
En
este sentido, otro factor predisponente podría estar relacionado con la falta
de madurez psicoemocional que caracteriza a los adolescentes, lo que les impide
detectar de manera oportuna conductas de este tipo, confundiéndolas
frecuentemente con manifestaciones de amor. Lo que complica aún más la
problemática y recalca la necesidad de educar desde temprana edad sobre el
respeto mutuo y la igualdad en las relaciones. Aunado a esto, Varona y Hermosa
(2020), destacan que los adolescentes tienden a priorizar la gratificación
inmediata y sienten una curiosidad por experimentar nuevas vivencias, lo que
reduce su percepción de vulnerabilidad ante el peligro y los hace más propensos
a conductas de riesgo. Considerando esto, es posible afirmar que los
adolescentes se encuentran en una etapa de “moldeamiento” en la que requieren
de una orientación profesional adecuada y oportuna que les ayude a tomar
decisiones más acertadas, y así prevenir el desarrollo de personalidades
patológicas.
En
virtud de ello, profesionales de distintas disciplinas han intentado dar
respuesta al origen de la violencia. Dentro de las teorías existentes, la más
aceptada es el “Modelo de Agresión General (GAM)”, propuesto por Anderson y
Bushman (2002, como se cita en Medrano et al., 2019). Su prestigio se debe a
que integra las principales teorías preexistentes para abordar este
comportamiento, las cuales se describen a continuación.
·
Teorías instintivas: Visualizan el comportamiento agresivo (CA) como
predeterminado biológicamente.
·
Teorías reactivas: Consideran al CA como el producto de una activación previa,
es decir, algún evento detonante.
·
Teorías psicosociales: Consideran este comportamiento como un conjunto de
patrones de respuesta aprendidos, ya sea por condicionamiento o mediante la
observación de modelos.
·
Teorías cognitivas: Priorizan el conjunto de pensamientos, creencias y valores
que interfieren entre el estímulo y la respuesta del individuo.
Por
consiguiente, el modelo GAM, rescata tres variables que interaccionan entre sí,
aumentando o disminuyendo las probabilidades de la expresión de un CA: las
entradas, las internas y el resultado.
Las
entradas tienen que ver con factores que inciden en la situación y en el
individuo. En cuanto a la situación, se consideran eventos externos que
incrementan la probabilidad de que se desencadene un CA, tales como
provocaciones, insultos, consumo de drogas y la exposición a conductas
agresivas. Medrano et al. (2019) exponen que las variables individuales abarcan
patrones biológicos o genéticos propios de cada persona, como la personalidad,
el género, las creencias, los valores. Estos dos tipos de factores influyen en
los estados cognitivos, afectivos y fisiológicos del individuo, que constituyen
las variables internas (p.20).
Lo
cognitivo se refiere al acceso hacia el pensamiento de hostilidad o
agresividad; lo afectivo incluye estados de ánimo negativo, humor, etc.; y lo
fisiológico abarca el nivel de activación cerebral o “arousal” que se mide por
pulsaciones, ritmo cardíaco, presión arterial, respiración, sudoración, tensión
muscular, etc. La tercera variable de este modelo se refiere al resultado de
esta interacción, para lo cual se utilizan evaluaciones inmediatas que son casi
automáticas, así como reevaluaciones, que ocurren cuando el resultado de la
primera evaluación es insatisfactorio o poco consistente, requiriendo mayor
esfuerzo y recursos cognitivos (Medrano et al., 2019, p. 20).
Sumado
a esto, existen otras teorías que explican este fenómeno. Por un lado, las
teorías activas que conciben al ser humano como malo por naturaleza y como el
responsable de que la sociedad sea violenta y por el otro, las teorías
reactivas cuyo fundamento se basa en la expresión de la violencia como
consecuencia de las experiencias e interacciones que tenemos con el ambiente en
el que nos desenvolvemos (Moya, 2022).
Dentro
de las teorías activas, Moya (2022) retoma el “modelo hidráulico” propuesto por
Konrad Lorenz, uno de los fundadores de la etología y máximo exponente de las
llamadas teorías etológicas. Bajo este modelo, los seres humanos poseemos una
energía violenta, que, si no es liberada de algún modo, se acumula hasta que
detona de forma explosiva. Para Lorenz, la catarsis o liberación de este
impulso interno ofrece un cierto bienestar emocional. Por lo cual, este modelo
destaca la importancia de la biología, dejando ver que en los seres humanos
existe una predisposición innata a la violencia. Asimismo, Ostrosky (2011)
enfatiza en lo planteado por el célebre filósofo inglés, Thomas Hobbes, quien
sostenía que nacemos con tendencias egoístas y violentas que deben ser
inhibidas con ayuda de la autorregulación.
En
contraste con estas teorías, Ostrosky (2011) enuncia en su libro titulado
“Mentes Asesinas”, a otro filósofo destacado del siglo XVIII, Jean-Jaques
Rousseau, quien afirmaba que todo individuo es innatamente bueno, hasta que
inicia su proceso de desarrollo. Años más tarde, el renombrado psicólogo
contemporáneo, Bandura, retoma esta visión al proponer la Teoría del
Aprendizaje Social, en la cual establece que gran parte del aprendizaje humano,
ocurre dentro del medio social en el que nos desenvolvemos, a partir de la
imitación de comportamientos observados en otras personas. Así también,
Ostrosky (2011) señala que Bandura argumentaba que ciertas conductas tienden a
repetirse con mayor frecuencia toda vez que logramos obtener lo que deseamos,
utilizando la violencia como medio para ello.
Desde
esta teoría, los contextos sociales como la familia o la escuela, en conjunto
con los medios de comunicación, el cine, la literatura, los videojuegos e
incluso las redes sociales, serían los causantes del desencadenamiento de la
violencia, pues según lo propuesto por Bandura, el aprendizaje se produce
mediante la observación de modelos que exhiben estas conductas (Moya 2022).
Al
respecto Moya (2022) comenta: “la Psicología constata que la excesiva
exposición a la violencia, aunque sea en ficción, puede llevar a la
desensibilización, es decir, a la falta de afectación emocional con
sentimientos desagradables o de rechazo que esta debería producir” (p. 26). De
igual forma, estudios de neuroimagen han comprobado que el circuito cerebral
que regula la violencia (del sistema límbico a la corteza prefrontal) responde
en menor medida cuando la violencia es observada repetidamente en medios de
comunicación (Moya, 2022).
Retomando
lo expuesto por Moya consideramos relevante dar respuesta al siguiente
cuestionamiento: ¿Cómo se relacionan los contenidos más populares en redes
sociales con la manifestación de conductas violentas en las relaciones de
noviazgo adolescente? Teniendo en cuenta que, ante un panorama globalizado es
cada vez más frecuente en los jóvenes “conectarse” a diferentes redes sociales
como parte de sus actividades distractoras, para estar “en contexto” con sus
pares, para sentirse aceptados o para buscar su propia identidad. Llevándonos a
reflexionar si el hecho de observar contenido violento en redes sociales puede
influir de manera directa en la manifestación de violencia en las relaciones de
pareja.
En
relación con esto, se han llevado a cabo diversas investigaciones, entre ellas
Aguilera et al. (2023) realizaron un estudio denominado Las redes sociales y su
relación con las conductas agresivas en adolescentes post pandémicos del
colegio superior del Maipo de la comuna de San Bernardo, región metropolitana,
Chile cuyo objetivo general fue el de establecer una relación entre el uso de
redes sociales y las conductas agresivas de adolescentes de entre 14 y 16 años
que cursan primero medio del Colegio Superior del Maipo de la comuna de San
Bernardo, de Región Metropolitana, Chile. En donde por medio de un análisis
estadístico se comprobó que existe una relación unidireccional débil entre las
variables con un valor de Rho de Spearman de 0.17, indicando que a mayor uso
problemático de redes sociales, mayor es la tendencia a presentar conductas
agresivas. Pese a que la correlación de variables fue débil, estadísticamente,
es significativa al 5%.
Del
mismo modo Gutiérrez y Vega (2022) ejecutaron un estudio denominado Adicción a
las redes sociales y conductas agresivas en adolescentes de una institución de
Lima Metropolitana, 2021” con el objetivo de determinar la relación entre ambas
variables, para lo cual se utilizó el estadístico de correlación de Spearman y
como resultado se obtuvo una correlación positiva directa y moderada.
Otro
estudio encabezado por L’Gamiz-Matuk y Ferro (2018) titulado Relación entre el
uso de redes sociales y violencia de género en estudiantes de educación media y
superior en el estado de México tuvo como principal objetivo determinar si la
adicción a las redes sociales es un factor de riesgo para la propagación de
conductas de violencia de género en una población de hombres y mujeres de 13 a
24 años. Tras haber implementado una prueba de R de Pearson entre las variables
de tiempo que se pasa en línea y el haber sido víctima de violencia se obtuvo
un nivel de correlación débil pero significativo al 5%.
De
manera similar, Matuk et al. (s.f.) desarrollaron una investigación titulada
Relación entre el uso de redes sociales y violencia de género en estudiantes de
educación superior del Área Metropolitana de la Ciudad de México, en la que se
analizó a una muestra de 384 estudiantes de secundaria, preparatoria y
universidad, con edades entre 13 y 24 años. Gracias a la aplicación de
encuestas, se determinó que el 34.6% de los participantes usa redes sociales
entre 1 y 2 horas diarias y el análisis estadístico reveló una estrecha
relación entre el uso de redes sociales y la expresión de diversas conductas de
violencia de género, tales como el acoso, la pérdida de intimidad, la violencia
entre parejas y la difusión no consensuada de contenido pornográfico.
Uno
de los factores que impactó significativamente en el incremento del uso de
redes sociales tiene que ver con la pandemia originada por el virus SARS-COV2 a
inicios del año 2019. Ocasionando que muchas escuelas y organizaciones
trasladaran sus actividades a una modalidad virtual, con el objetivo de frenar
el contagio. Como resultado, la vida de muchas personas se vio profundamente
afectada al tener que dejar de reunirse con sus seres queridos durante un
extenso periodo. Bajo este contexto, las redes sociales emergieron como una
alternativa crucial para mantener el contacto a distancia y, al mismo tiempo,
se convirtieron en una fuente de entretenimiento, pues muchos negocios tuvieron
que cerrar temporalmente.
Sin
embargo, las redes sociales también presentan inconvenientes, como el acceso
casi inmediato a una variedad de contenidos, que incluye no solo información
relevante, sino también material perjudicial para la salud mental de los
adolescentes, quienes atraviesan por una etapa de desarrollo marcada por
cambios físicos, biológicos y psicológicos, en los que la búsqueda de identidad
y la consolidación de una personalidad estable son fundamentales. Durante este
proceso, la necesidad innata de ser aceptados por los demás se intensifica y la
influencia social se convierte en un factor determinante. Las redes sociales se
convierten en un medio clave para que los adolescentes busquen esa aprobación
que les permite sentirse parte de un grupo específico (Hernández, 2023). Por
medio de estas plataformas, pueden exponerse a contenido violento o
perjudicial, que, aunque sea mínimo, puede integrarse en su comportamiento
diario y replicarse en otros contextos como las relaciones de noviazgo. Lo cual
resulta comprensible si se considera que en los propios contenidos se presentan
propuestas de modelos de comportamiento.
Es
preciso mencionar que, en esta búsqueda de validación por parte de sus pares,
tanto sus decisiones como sus comportamientos pueden verse afectados,
provocando que tomen decisiones precipitadas por miedo a ser rechazados o por
adaptarse a las expectativas de su grupo. Además, el contexto social y cultural
juegan también un papel importante, influyendo en cómo los jóvenes perciben la
aceptación.
Estudios
han revelado que el uso excesivo de redes sociales puede tener otros efectos
adversos en la salud mental de los usuarios, entre ellos trastornos del sueño,
ansiedad, depresión y problemas de autoestima, los cuales son más comunes en
personas de 16 a 26 años (Maza, s.f.).
Un
artículo publicado por Salud Mental (2024) explica que estas plataformas de
comunicación en línea pueden acostumbrar a los usuarios a interactuar
virtualmente, lo que a menudo debilita sus habilidades sociales. Esto puede
llevar al desarrollo de trastornos como la ansiedad social, donde las personas
se mantienen en un estado constante de alerta por temor a hacer algo vergonzoso
frente a la gente y ser juzgados por ello. Además, la necesidad de estar al
tanto de lo que ocurre en línea puede generar un estrés adicional.
Por
otro lado, la exposición a contenidos que promueven estándares de belleza y
felicidad puede desencadenar sentimientos de insatisfacción general con la vida
diaria y disforia corporal, un trastorno que ocasiona que las personas se
obsesionen con defectos percibidos en su apariencia y esto a su vez generar en
los adolescentes un deseo por hacer modificaciones a sus cuerpos con tal de
ajustarse a los “estándares de belleza” establecidos por personas influyentes
en los medios, lo que puede resultar en conductas de riesgo como trastornos
alimenticios o la búsqueda de cirugías estéticas perjudiciales para su salud
(Salud Mental, 2024).
Es
bien sabido que los contenidos en línea suelen presentar una versión idealizada
de la vida de las personas, por ello, otro de los riesgos más comunes a los que
se exponen los adolescentes es a la depresión, pues sin darse cuenta, al
interactuar con este contenido, comienzan a comparar sus propias vidas con las
de los demás, haciéndoles sentir que la felicidad y el éxito de otros son
inalcanzables, lo que termina por incrementar los sentimientos de soledad e
inadecuación (Salud Mental, 2024).
En
lo que respecta a las redes sociales más utilizadas por adolescentes, un
estudio llevado a cabo por una licenciada en psicología egresada de la UNAM,
con 730 alumnos de una secundaria oficial, ubicada en el municipio de
Tlalnepantla, estado de México, reveló que las más utilizadas son TikTok en un
74.9%, WhatsApp en un 73.3% e Instagram en un 65.2% (Del Río, 2023).
En
esa misma línea, la psicopedagoga Roldán (s.f.) afirma que las redes sociales
más populares entre adolescentes de 13 y 17 años es TikTok con un 53%, seguida
de Facebook con un 49% y Snapchat con un 47%
Macías
(2023) señala que, según los datos obtenidos en un grupo focal con adolescentes
de 15 a 18 años, los contenidos más vistos en la plataforma TikTok se agrupan
en cuatro categorías principales:
Entretenimiento.
Moda
y salud.
Educativos
Negocios.
Dentro
de la primera categoría, se pueden identificar videos relacionados con bailes,
videos musicales, de comedia, sobre personas famosas o influencers,
videojuegos, anime, cine o películas. En la categoría de moda y salud, el
consumo de videos se relaciona con la vestimenta, el uso de productos de
belleza. La categoría de negocios tiene que ver con videos de carácter tutorial
que ofrecen ideas sobre emprendimiento y finalmente el conjunto de videos que
abarcan la categoría de videos educativos, se refiere a aquellos que les pueden
ofrecer consejos relacionados con sus actividades escolares, así como aquellos
relacionados con la divulgación de la ciencia, el arte y los libros (Macías,
2023).
Vale
la pena destacar que, entre los contenidos de entretenimiento, es posible
encontrar aquellas bromas hechas entre parejas, las cuales de algún modo u otro
reflejan una conducta violenta que es casi imperceptible a simple vista, al
realizarse bajo el contexto de una simple “broma”, siendo esta la forma más
común en la que la violencia comienza a normalizarse, no obstante, está puede
ir escalando de nivel, hasta el punto en el que el bienestar físico o emocional
del otro se vea comprometido.
Así
pues, resulta clara la relevancia social de este estudio, puesto que la
violencia en el noviazgo adolescente es un fenómeno casi imperceptible que
puede confundirse con muestras de cariño y protección (Yanes et al., 2019).
Desencadenando consecuencias significativas en la estabilidad emocional de los
jóvenes.
Cabe
señalar que esta línea de investigación es todavía muy incipiente en lo que se
refiere a las causas que desencadenan la violencia en parejas adolescentes.
Sobre ello, Cortés (2022), profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM,
comenta que, “desafortunadamente se carece de estudios recientes en México que
analicen la prevalencia del fenómeno” (párr. 9).
Méndez-Rizo
y Texis-Cortes (2023) añaden “Cada vez más estudios han evidenciado la
importancia que poseen las aportaciones de investigaciones referentes a este
fenómeno, por lo que se necesita contar con más contribuciones recientes acerca
de esta problemática, especialmente en México” (p.57).
Por
lo que el objetivo de la presente investigación fue, establecer una relación
entre las conductas violentas en parejas jóvenes de 15 a 18 años y los
contenidos más vistos en redes sociales.
Siendo
la hipótesis por comprobar la siguiente: Las conductas violentas en las
relaciones de noviazgo de jóvenes de 15 a 18 años, se relacionan de manera
directamente proporcional al contenido más observado en redes sociales.
MÉTODO
El
enfoque bajo el cual se desarrolló esta investigación fue cuantitativo,
empleando técnicas estadísticas para llevar cabo el análisis de los datos
recabados.
El
diseño de investigación fue de tipo no experimental, transeccional descriptivo,
dado que no se manipuló ninguna variable y se realizó una sola medición en un
determinado momento (Hernández et al., 2014).
La
Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) define a la violencia como:
El uso deliberado de la fuerza física o
el poder ya sea en grado de amenaza o efectiva, contra uno mismo, otra persona
o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar
lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
Fernández y Peña (2019) definen las redes sociales como: “servicios basados en
la web que permiten a sus usuarios relacionarse, compartir información,
coordinar acciones y en general, mantenerse en contacto” (p.19).
Con
el fin de medir la variable “violencia ejercida” se utilizó el Inventario de
conflictos en las relaciones de noviazgo entre adolescentes (CADRI) en su
versión adaptada al español.
Este
instrumento está constituido por 35 ítems, de los cuales 25 son los que se
centran en los actos violentos en las relaciones de pareja, los otros 10 están
relacionados con una adecuada solución a los conflictos de pareja y fueron
agregados con el único objetivo de otorgar estabilidad a la prueba, por lo que
no fueron tomados en cuenta al momento de la aplicación (Fernández et al.,
2005).
Cada
uno de estos ítems evalúa dos escalas, una relacionada con la violencia
ejercida y la otra con la violencia sufrida en momentos de discusión de la
pareja. Las cuales evidencian cinco tipos de violencia: Violencia
verbal-emocional la cual se enfoca en todo hecho de carácter verbal o no verbal
que de manera intencional provoca en la víctima una reacción de miedo, temor o
angustia (ítems 4, 7, 9, 12, 17, 21, 23, 24, 28, 32); violencia sexual,
contiene todo tipo de actos en los que el cuerpo de la víctima se vea implicado
(ítems 2, 13, 15, 19); violencia física, incluye actos en los que se provoque
un daño visible en la víctima (ítems 8, 25, 30, 34); amenazas, consiste en
amedrentar a alguien mediante la provocación de un mal peligroso para él o su
entorno (ítems 5, 29, 31, 33) y violencia relacional, son conductas de carácter
violento de tipo relacional o indirecto (ítems 3, 20, 35) (Cabrera &
Zuhelly, 2016). Para los fines de está investigación únicamente se empleó la
escala de violencia ejercida y los ítems antes mencionados, relacionados con la
expresión de la violencia en las relaciones de noviazgo.
Estos
ítems describen situaciones que podrían acontecer en las relaciones de noviazgo
ofreciendo 4 opciones de respuesta en formato tipo Likert, como se muestra a
continuación:
0 = Nunca: esto no ha pasado en nuestra
relación.
1 = Rara vez: únicamente ha sucedido en
1 o 2 ocasiones.
2 = A veces: ha ocurrido entre 3 o 5
veces.
3 = Con frecuencia: se ha dado en 6 o
más ocasiones.
Para la calificación de este, se
requiere sumar las puntuaciones obtenidas en cada reactivo, luego una
puntuación superior a 70 puntos indicaría la presencia de actos violentos en
las relaciones de noviazgo.
Las propiedades psicométricas del CADRI
han demostrado ser satisfactorias tanto en muestras de adolescentes españoles
(Fernández-Fuertes et al., 2006, como se cita en Pacheco et al., 2021) como en
mexicanos (Hokoda et al., 2006 como se cita en Pacheco et al., 2021). La
consistencia interna de ambas escalas osciló entre un valor de .56 y .84;
mientras que, la consistencia interna de los cinco tipos de violencia osciló
entre .72 y .83, siendo la violencia verbal emocional y la violencia sexual las
que mayores puntuaciones presentan (Pacheco et al., 2021).
Dicho instrumento fue trasladado a un
formato digital en el programa Microsoft Forms, lo que facilitó su difusión vía
electrónica con los participantes. En este se incluyó una breve descripción de
la investigación, así como el objetivo de este. Además, como parte de los
reactivos previos, se solicitó la autorización de los padres o tutores de los
menores de edad para su participación en la investigación, asegurando en todo
momento la confidencialidad de sus datos. Adicional a ello se incluyó un
apartado en el que se cuestionó a los participantes sobre el tiempo aproximado
que invierten en redes sociales, las opciones de respuesta fueron las
siguientes:
0 = Casi nada (menos de 1 hora)
1 = Poco (de 1 a 2 horas)
2 = Mucho (de 2 a 4 horas)
3 = Bastante (más de 4 horas)
La muestra estuvo conformada por 344
personas residentes del Estado de México, CDMX y del estado de Guerrero de
entre 15 y 18 años; quienes fueron seleccionados por medio de un muestreo no
probabilístico de sujetos voluntarios, debido a que se convocó a los
estudiantes de diferentes bachilleratos para que participaran en el estudio y
ellos estuvieron de acuerdo. El 52.6 % son hombres, el 46.5 % son mujeres y el
resto se consideraron como otro. El 38 % tienen 15 años, el 28 % tienen 17
años, el 26 % 16 años y el 9 % 18 años. El 53 % estudian en escuela pública y
el 47 % estudian en escuela privada. El 50 % de la población visitan con más
frecuencia Instagram, el 40 % Tik tok, el 8 % Facebook y el 2 % Twitter.
Se consideraron 6 contenidos más
observados en redes sociales:
Videos de anime que involucren cualquier
tipo de violencia por mínima que parezca (verbal, física, sexual).
Videos de entretenimiento, entre ellos
de parejas haciéndose bromas entre ellos.
Videos de influencers que promuevan la
disputa o la riña entre las personas involucradas.
Videos de videojuegos en los que se involucra
el uso de armas, violencia física o verbal (incluye el uso de groserías,
insultos).
Videos sobre parejas haciéndose bromas
entre ellos.
Los criterios de inclusión para
participar en la investigación requerían que los sujetos mantuvieran o hubieran
mantenido a lo largo del año, una relación de noviazgo de por lo menos 6 meses.
Adicional a ello, no podían participar aquellas personas con un diagnóstico
psiquiátrico o que estuvieran bajo algún tratamiento psicofarmacológico y cuyos
padres no hubieran otorgado su autorización para participar en la misma.
RESULTADOS
Para
llevar a cabo el análisis de resultados, se utilizó el programa IBM SPSS
Statistics (versión 29.0.10), en el que se aplicó una prueba no paramétrica de
tipo correlacional, conocidas como Rho de Spearman.
Esta
prueba ofrece 5 niveles de correlación:
0 à
Correlación nula.
0.01 -
0.49 à Correlación débil.
0.50 -
0.74 à Correlación moderada.
0.75 -
.99 à Correlación fuerte.
1.0 à
Correlación perfecta.
Para
su interpretación se estableció un rango de error del 5%, el cual equivale a un
nivel de significancia de 0.05. En consecuencia, la correlación será válida
siempre y cuando el valor obtenido en la significancia bilateral (p) haya sido
menor a 0.05. En la tabla 1 se muestran los resultados para la prueba de
correlación Rho de Spearman entre el tiempo que los jóvenes revisan redes
sociales y el nivel de violencia en su relación de pareja.
Rho
de Spearman con Intervalo de Confianza del 95 %.
En
este caso, se obtuvo un valor de p<0.001, lo que indica la presencia de una
correlación válida entre la variable del nivel de violencia ejercida y la
variable de tiempo en redes sociales. Por consiguiente, el coeficiente de
correlación obtenido con la prueba Rho de Spearman (0.197), se ubica en un
nivel de correlación débil.
|
Tabla
1. Pruebas
de correlación. |
|||
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|
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Tiempo en redes sociales |
Nivel de violencia ejercida |
|
Tiempo en redes sociales |
Coeficiente de correlación |
1.000 |
.197** |
|
|
Sig. (bilateral) |
. |
<.001 |
|
|
N |
344 |
344 |
|
Nivel de violencia ejercida |
Coeficiente de correlación |
.197** |
1.000 |
|
|
Sig. (bilateral) |
<.001 |
. |
|
|
N |
344 |
344 |
|
**. La correlación es significativa en el nivel 0.01
(bilateral). |
|||
En
cuanto a la prueba U de Mann Whitney, se obtuvo una p = 0.506, lo que indica
que no existe una diferencia significativa entre el nivel de violencia de
escuelas públicas y privadas. Sin embargo, se observó una diferencia
significativa entre el nivel de violencia dentro de los contenidos de anime y
los otros contenidos p = 0.042, la cual entra en el 5 % de error.
DISCUSIONES
La
etapa de la adolescencia comprendida entre los 10 y 19 años se caracteriza por
una serie de cambios físicos, biológicos y psicológicos entre los que destaca
el proceso de maduración en el que se encuentra el cerebro, en consecuencia,
los adolescentes tienden a anteponer sus sentimientos y emociones en sus
relaciones de noviazgo. Así como lo indica el estudio realizado por Alegría
(2016) en donde evidencia que el amor es una de las emociones que predomina en
las relaciones de noviazgo, lo que conduce a los adolescentes a tolerar
situaciones de abuso de poder y control. Según otro estudio realizado por
Ramírez y Núñez (2010), un estilo de crianza caracterizado por un desequilibrio
en la relación entre padres, donde una de las partes tiene toda la autoridad,
puede traer como consecuencia que los hijos de estas parejas acepten y
normalicen las conductas violentas en sus relaciones futuras.
Tomando
esto en consideración, es posible apreciar cómo ambos estudios se complementan,
pues el haber crecido en un ambiente en el que continuamente es reforzada la
creencia de que la disparidad entre las parejas es lo normal y forma parte de
una relación amorosa, afecta las relaciones futuras de estos jóvenes,
generándoles una confusión entre los actos que realmente expresan amor por el
otro y aquellos que tienen su origen en la violencia y el abuso hacia el otro.
La
novedad científica del presente estudio reside en la identificación clara de
una relación directamente proporcional entre la violencia ejercida en jóvenes
de 15 a 18 años y el uso de redes sociales, lo que da pie al desarrollo de
nuevos estudios que profundicen en la influencia que tienen las plataformas
digitales en la dinámica interpersonal de los jóvenes y en la manifestación de
comportamientos violentos.
Finalmente,
desde una perspectiva práctica, los resultados encontrados en esta
investigación, dejan ver la importancia de educar a los jóvenes no sólo sobre
el uso responsable de las redes sociales, sino también de promover las
relaciones saludables basadas en el respeto y la comunicación efectiva mediante
la implementación de técnicas terapéuticas como podría ser la restructuración
cognitiva, propia de la terapia cognitivo conductual, la cual permite modificar
aquellos patrones de pensamiento disfuncionales que fomentan la presencia de
emociones negativas sustituyéndolos por alternativas de pensamiento mucho más
racionales y funcionales.
CONCLUSIONES
El
origen de la violencia ha sido un tema controversial desde hace ya varios años,
siendo investigado por múltiples autores pertenecientes a diversas disciplinas
quienes han intentado ofrecer una respuesta clara a dicha problemática, entre
ellas la psicología. Quien ha buscado realizar sus propios aportes al
respecto, tal como lo refleja el presente trabajo, en el cual se buscó
identificar la presencia de una correlación positiva entre el uso de redes
sociales y las conductas violentas presentes en algunas de las relaciones de
noviazgo de jóvenes de 15 a 18 años, así como también si existe una diferencia
significativa entre el nivel de violencia entre escuelas públicas o privadas y
si existe diferencia significativa entre los diferentes contenidos. Esto debido
al alcance que han tenido las redes sociales recientemente, en particular en la
población juvenil.
De
tal modo que, la evidencia presentada nos lleva a confirmar la presencia de una
correlación entre dichas variables, aunque la correlación es débil. Podemos
suponer que no hay una influencia especial entre el tiempo invertido en el uso
de redes sociales como se pensó en un inicio o que el tiempo de uso de redes
sociales se divide entre ver videos y mantener diferentes chat con sus amigos y
familiares, por lo que es recomendable realizar un control más minucioso de la
variable “tiempo aproximado que pasas en redes sociales”, especificando que sea
tiempo que invierten en videos violentos y no en general, sin embargo, el tipo
de contenido observado en estas influye de igual forma en los niveles de
violencia ejercida, particularmente entre los videos de anime que involucren
cualquier tipo de violencia por mínima que parezca (verbal, física, sexual),
como es el caso del reciente estrenado “Ranma ½”, donde los personajes
principales muestran una dualidad entre la violencia física y verbal, con el
compromiso de pareja o “Nisekoi”, donde hay un desprecio físico al inicio
evolucionando a una relación saludable posteriormente. Los videos de bromas
como uno reciente publicado en la plataforma TikTok en el que se puede apreciar
a la pareja de una chica colocándole un letrero en la parte trasera de su
vehículo, invitando a otros conductores a tocar el claxon a cambio de un beso,
logrando con esto que ella se desespere y se enoje; otro donde un chico se
burla de su pareja al haberle dejado marcada su huella del pie en el abdomen
mientras ella dormía a la orilla del mar, evitando que tuviera el bronceado
deseado, son claros ejemplos de un tipo de violencia tan imperceptible a simple
vista pero que es promovido y replicado entre los jóvenes en sus relaciones de
noviazgo. Como lo sustenta la teoría del aprendizaje social, en la que se
plantea que toda conducta es resultado de la imitación.
En
última instancia, resulta pertinente resaltar que, así como el campo de la
ciencia es cambiante, la tecnología también lo es, por tal motivo es
imprescindible que futuras investigaciones respecto al tema, tomen esto en
consideración, analizando la problemática partiendo de evidencias recientes
acordes con la red social más utilizada y los contenidos más vistos por
jóvenes. Del mismo modo sería conveniente tener en cuenta ciertos factores de
riesgo en cuanto a la prevalencia de la violencia como lo son antecedentes de
violencia familiar o incluso las mismas creencias culturales propias de cada
región.
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Fecha
de recepción: 24 de junio de 2024
Fecha
de dictaminación: 20 de julio de 2024
Fecha
de aceptación: 28 de septiembre de 2024
Fecha
de publicación: 20 de diciembre de 2024