Pensamiento Crítico. Revista de Investigación Multidisciplinaria
Año 12, No. 22, Enero – Junio 2026, pp. 94-112
https://www.doi.org/10.64040/zveemn86
Factores que moderan
la participación de padres en preescolares de Naucalpan de Juárez: Un enfoque de
la Nueva Escuela Mexicana (NEM)
Factors Moderating Parental Involvement in Preschools in
Naucalpan de Juárez: A New Mexican School (NEM) Approach
Marlen Bethsaida Trejo Vizcaíno
Universidad UDF, Santa María
trejovizcaino@gmail.com
https://orcid.org/0009-0001-4134-2571
Resumen
El
estudio analiza los factores moderadores que influyen en la participación de los
padres y madres de familia en la educación preescolar en un contexto de alta marginación
y movilidad migratoria en Naucalpan de Juárez durante el periodo 2024–2026. Mediante
un enfoque mixto que integra cuestionarios, entrevistas y estudios de caso, se identifican
variables socioeconómicas e institucionales que inciden en el involucramiento parental.
Los hallazgos revelan que la precariedad laboral, el capital cultural limitado y
la fragmentación de las redes comunitarias dificultan
la transición de un rol colaborativo pasivo hacia la corresponsabilidad activa y
protagónica que propone la Nueva Escuela
Mexicana (NEM). Se concluye que, para consolidar comunidades educativas inclusivas,
es imperativo fortalecer la comunicación bidireccional, flexibilizar los mecanismos
de participación y atender las realidades socio-territoriales específicas del entorno.
Palabras clave: Participación parental, Nueva Escuela Mexicana,
marginación, corresponsabilidad educativa,
capital cultural y factores moderadores.
Abstract
This study examines the moderating factors that influence
family participation in preschool education within the framework of the New Mexican
School (NEM), in a context of high marginalization and migratory mobility in Naucalpan
de Juárez (2024–2026). Through a mixed-methods approach integrating surveys,
interviews, and case studies, the study identifies socioeconomic and institutional
variables that affect parental involvement. The findings reveal that labor precariousness,
limited cultural capital, and fragmented community networks hinder the transition
from a passive, collaborative role toward the active and leading co-responsibility
proposed by the NEM. The study concludes that consolidating inclusive educational
communities requires strengthening two-way communication, diversifying participation
mechanisms, and addressing the specific socio-territorial realities of the local
context.
Keywords: Parental involvement, New Mexican School
model, marginalization, educational co-responsibility, cultural capital, and moderating
factors.
La participación de los padres y madres de familia en la educación inicial constituye uno de los ejes estratégicos para el logro de aprendizajes significativos y el fortalecimiento del tejido comunitario. Diversas investigaciones han señalado que la implicación activa de las familias favorece no solo el rendimiento académico, sino también el desarrollo socioemocional de los estudiantes. En el nivel preescolar, esta relación cobra particular relevancia, pues es en esta etapa donde se consolidan las bases del aprendizaje, los hábitos y las actitudes hacia la escolaridad (González & Arango, 2018).
En México, la reforma educativa que dio origen a la Nueva Escuela Mexicana (NEM), aprobada en 2019, plantea un cambio sustantivo en la concepción de la participación parental, al considerarla un derecho y una corresponsabilidad que trasciende la mera asistencia a actividades escolares (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019). No obstante, la implementación de este enfoque enfrenta múltiples tensiones, especialmente en contextos sociales caracterizados por la desigualdad, la movilidad laboral, los procesos migratorios y la alta marginación, los cuales inciden de manera directa en las posibilidades reales de involucramiento familiar (Calva, 2021).
Naucalpan de Juárez es uno de los municipios con mayor producto interno bruto (PIB) per cápita del Estado de México, sede de importantes desarrollos corporativos y zonas de alta plusvalía (por ejemplo, Lomas Verdes, Ciudad Satélite); en contraste, la colonia Alfredo V. Bonfil representa una subregión de marginación y segregación socioespacial dentro de un municipio de alto desarrollo económico. La colonia Alfredo V. Bonfil se seleccionó por su condición de enclave de precariedad urbana y marginación social dentro de un municipio altamente desarrollado, lo que permite examinar las fallas en la distribución de la riqueza y el acceso desigual a los servicios y oportunidades en el contexto de la Zona Metropolitana del Valle de México. El estudio de la colonia Alfredo V. Bonfil sirve como un microcosmos de los patrones de segregación que se replican en las grandes metrópolis mexicanas, como Monterrey y Guadalajara, donde la dinámica de crecimiento económico no se traduce en una reducción de las brechas de desigualdad territorial, lo que refuerza la relevancia teórica y empírica de los hallazgos.
Su alta densidad poblacional, su carácter urbano‑industrial y los intensos flujos migratorios internos y externos generan condiciones particulares que median la relación escuela‑familia (INEGI, 2020), posicionando a dicha localidad como zona de alta marginación. En este entorno, los padres y madres de familia suelen enfrentar limitaciones de tiempo, recursos y capital cultural, lo que complejiza la transición de un rol tradicionalmente pasivo hacia uno de corresponsabilidad activa (Díaz & García, 2017).
De ahí que el análisis de los factores moderadores —como variables socioeconómicas
y culturales intrínsecas a un contexto específico (por ejemplo, la marginación,
el bajo capital cultural o las limitaciones económicas) que actúan como filtros
restrictivos— resulte fundamental. Estos factores tienen la función de modificar,
limitar y dar forma a la implementación y el ejercicio de una política o ideal normativo
—en este caso, la corresponsabilidad activa— y se convierten en una clave interpretativa
para comprender las dinámicas de participación parental en el marco de la NEM. Estos
factores, entre ellos el liderazgo escolar, la comunicación bidireccional, la organización comunitaria
y el contexto migratorio de movilidad y marginación, no determinan por sí mismos
la participación, pero sí la condicionan, modulando su forma, intensidad y alcance
(Cervini, 2015). En consecuencia, este estudio probabilístico e intencional busca documentar
cómo estas variables influyen en la práctica de la corresponsabilidad educativa
y, con ello, mostrar por qué la implementación real difiere del marco normativo.
En la Tabla 1 se hace una comparación clara entre esta dinámica y la transformación
propuesta por el modelo educativo vigente. Bajo los paradigmas anteriores (Programas
2004/2011), la concepción del rol parental se limitaba a la de colaboradores pasivos,
donde la participación se centraba en funciones auxiliares y logísticas, como el suministro de materiales
o la atención de quejas de comportamiento. En este enfoque, la relación se caracterizaba
por una estructura cerrada en la que la responsabilidad
educativa recaía casi exclusivamente en la institución; además, el modelo
excluía la contextualización y los saberes que se originan en el hogar, valorando
únicamente los conocimientos formales transmitidos por el docente. La Nueva Escuela
Mexicana (NEM), sin embargo, representa una ruptura conceptual y operativa con esta tradición. El nuevo marco
postula que los padres de familia ya no son considerados solo como apoyo externo,
sino como agentes corresponsables y protagonistas activos del proceso. La finalidad
de su participación deja de ser meramente administrativa o de control para enfocarse
en el reforzamiento de los conocimientos y hábitos, así como en la co‑creación de saberes
y metas comunes.
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Tabla 1. Comparaciones entre de la participación de los padres
de familia, la concepción del rol y naturaleza de la
participación. |
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Aspecto
de comparación |
Modelo tradicional (Programas 2004/2011) |
Modelo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) |
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Concepción del Rol |
Padres
y madres como espectadores o colaboradores pasivos, con funciones auxiliares, centradas en cumplir normas escolares. |
Padres
y madres como agentes corresponsables y protagonistas activos, considerados socios
fundamentales en la educación. |
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Finalidad de la participación |
Enfocada
en apoyo logístico: aportes económicos, materiales escolares y atención a problemas
de conducta o rendimiento. |
Orientada
al reforzamiento de aprendizajes, hábitos de salud y desarrollo integral (cognitivo,
afectivo, psicomotor, lógico). Se promueve la co-creación
de saberes. |
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Estructura de la relación |
Escuela
concebida como entidad cerrada, con clara división entre lo escolar y lo familiar;
participación limitada a lo consultivo u operativo. |
Escuela
entendida en vínculo con su comunidad; proceso educativo multilateral (maestros
y maestras, alumnos y alumnas, familias y comunidad). |
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Valor de los saberes |
Primacía
del currículo estandarizado y fragmentado; se valoran solo conocimientos formales
del docente. |
Reconoce
y valora los saberes familiares y comunitarios; la familia es esencial en la herencia
cultural y tradiciones populares. |
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Justificación del
involucramiento |
Mejorar
la gestión escolar y asegurar que los padres cumplan normas institucionales. |
Reconfiguración
profunda: la participación se entiende como signo de madurez democrática y pilar
de una gestión escolar participativa y abierta. |
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Nota. Información del Programa educación preescolar 2004/2011 y 2019 la NEM. |
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Tal como lo plantea el problema de investigación, la brecha entre el ideal normativo de corresponsabilidad activa postulado por la NEM y la realidad práctica de las escuelas se explica porque la transición de un rol culturalmente arraigado a uno de coparticipación activa no es automática. Este proceso enfrenta fuertes obstáculos culturales que lo dificultan; por lo tanto, se vuelve crucial investigar cómo se está materializando esta reconfiguración en el nivel preescolar y qué factores moderadores influyen en esta compleja transición.
La participación de los padres y madres de familia en el ámbito escolar ha sido objeto de análisis en distintos momentos de la historia
educativa mexicana. Desde las primeras reformas educativas del siglo XX, se ha observado que el padre era visto como proveedor de recursos para la escuela (mantenimiento, fundación o sostenimiento de planteles, compra de útiles) y como garante de la asistencia y puntualidad del estudiante. La creación de las Asociaciones de Padres de Familia (APF) a lo largo del siglo XX se constituyó como un órgano de participación al interior de las escuelas y como un mecanismo para canalizar las prioridades de la política educativa federal. La participación fue históricamente marginal en el diseño de políticas y se centró en la ejecución de tareas dictadas por la autoridad (Latapí, 2009; Arnaut, 1998).
La relación entre la familia y la escuela se entendía como un trato desigual, en el que el rol del padre era únicamente de apoyo y no de decisión; el Estado y los docentes definían los lineamientos del proceso educativo y las familias asumían un papel de acompañamiento secundario (Latapí, 2009). Bajo este enfoque, las aportaciones parentales se reducían a la colaboración material o logística, con poca incidencia en la toma de decisiones pedagógicas o en la construcción de los proyectos escolares (Arnaut, 1998).
Durante la reforma educativa de los años noventa, y con la creación de los Consejos de Participación Social en la Educación, se buscó formalizar un esquema más abierto de colaboración entre las familias y las escuelas. Sin embargo, Bazdresch (2000) y Ornelas (1995) argumentan que este mecanismo terminó por reproducir prácticas burocráticas, sin lograr transformar de manera sustantiva la participación parental, la cual continuó siendo más consultiva que decisoria.
En las últimas dos décadas, la investigación educativa en México ha destacado la importancia de la corresponsabilidad entre familia y escuela como un factor clave para el éxito académico, el desarrollo socioemocional y la inclusión de los estudiantes (Martínez, 2017; Muñoz, 2010). Epstein (2011) sostiene que, en el nivel preescolar, la implicación activa de los padres incide en la adquisición temprana de competencias cognitivas y socioafectivas, en la consolidación de hábitos de aprendizaje y en el fortalecimiento de la autoestima infantil.
En este contexto, la Nueva Escuela Mexicana (NEM) representa un punto de inflexión, ya que plantea un modelo educativo que articula la dimensión formativa con la comunidad y la vida social. La NEM coloca a los padres de familia en el centro de la construcción de comunidades de aprendizaje, reconociéndolos como agentes corresponsables y no solo como auxiliares (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019). Esta transformación, sin embargo, enfrenta obstáculos estructurales y culturales, como la falta de formación de las familias para involucrarse en procesos pedagógicos, la persistencia de prácticas escolares verticales y las condiciones socioeconómicas y de movilidad, como la migración, que limitan la posibilidad de una participación constante y contribuyen a la configuración de comunidades de alta marginación (Sánchez & Padilla, 2020).
En localidades urbanas con altos índices de movilidad, migración y marginación, como esta zona en particular de Naucalpan de Juárez, el desafío es aún mayor. La diversidad cultural, la inestabilidad laboral y la fragmentación de redes comunitarias pueden actuar como factores limitantes de la participación escolar, al mismo tiempo que generan nuevas oportunidades de diálogo intercultural y fortalecimiento comunitario (Espinosa, 2018). Comprender estos antecedentes resulta fundamental para analizar la manera en que los padres y madres de familia transitan de roles pasivos a roles activos en el marco de la NEM, y para identificar los factores moderadores que inciden en la construcción de comunidades educativas inclusivas y democráticas.
La participación de los padres y madres en el ámbito escolar ha sido considerada un elemento central para el éxito académico y el desarrollo socioemocional de los estudiantes. Diversos estudios han señalado que la colaboración entre familia y escuela genera climas educativos más inclusivos y favorece el aprendizaje temprano (Epstein, 2018). En el nivel preescolar, esta participación adquiere un carácter fundamental, dado que los niños se encuentran en una etapa de alta plasticidad cognitiva y socioemocional, y los padres son agentes primarios en la formación de hábitos, valores y actitudes.
En México, la participación parental en el ámbito educativo enfrenta barreras estructurales significativas. Estas barreras incluyen, pero no se limitan, a horarios laborales inflexibles, limitaciones económicas, ausencia de capital cultural y dinámicas sociales asociadas a la marginación y la migración (Gómez, 2019; García & Herrera, 2022). Sin embargo, cuando se logra una sinergia entre las expectativas familiares y las estrategias pedagógicas, los resultados se traducen en una mejora de la calidad educativa y en la construcción de comunidades escolares resilientes.
La Nueva Escuela Mexicana (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019) constituye un paradigma educativo orientado a la equidad, la inclusión y la formación integral de los estudiantes. La NEM enfatiza la corresponsabilidad de la familia en los procesos formativos, reconociendo que la comunidad escolar trasciende los muros del aula. Además, incorpora valores como solidaridad, justicia social y respeto a la diversidad cultural, elementos que adquieren relevancia particular en contextos con alta movilidad poblacional y alta marginación.
En este sentido, el papel de los padres y madres de familia no se limita a la asistencia a reuniones o actividades escolares, sino que se espera su involucramiento activo en la definición de proyectos escolares, la gestión comunitaria y la formación de ciudadanía crítica (Cárdenas, 2021).
Los fenómenos migratorios, de movilidad y alta marginación configuran de manera decisiva la participación de los padres de familia en el ámbito escolar. Las comunidades con alta movilidad poblacional suelen presentar rupturas en la continuidad educativa, cambios en la estructura familiar (padres ausentes o cuidadores sustitutos) y tensiones culturales derivadas de procesos de adaptación; así, la migración hacia estas comunidades se relaciona con la marginación porque los migrantes, al establecerse, se encuentran con una estructura de oportunidades limitada que no puede absorberlos, lo que los obliga a asentarse en las zonas más vulnerables y de menor acceso a servicios, perpetuando su condición de marginación y la del entorno (López, 2020).
En municipios como Naucalpan de Juárez, caracterizados por dinámicas de migración interna y externa, estas condiciones se manifiestan en retos para la integración de los padres a la vida escolar, pues muchas familias enfrentan condiciones de vulnerabilidad social y laboral (INEGI, 2022). La migración, sin embargo, también puede ser un factor dinamizador, al propiciar el intercambio cultural y el fortalecimiento de redes comunitarias de apoyo (López, 2020).
En este marco, los factores que moderan la participación de los padres y madres de familia en el nivel preescolar pueden clasificarse en tres ámbitos principales:
· Socioeconómicos: ingresos, ocupación, condiciones laborales y tiempo disponible (Gómez, 2019).
· Socioculturales: nivel educativo, capital cultural, expectativas hacia la escuela y pertenencia étnica o migratoria.
· Institucionales: políticas escolares de inclusión, comunicación escuela‑familia, liderazgo docente y apertura a la diversidad (Cárdenas, 2021).
Estos factores no actúan de manera aislada, sino que interactúan y se potencian en función del contexto local. De ahí la importancia de analizar la participación parental en relación con la NEM y con los entornos migratorios específicos.
Este artículo adopta un enfoque mixto, el cual ha cobrado creciente relevancia en la investigación educativa por su capacidad para ofrecer una comprensión integral de fenómenos complejos. Como señala Creswell (2014), los métodos mixtos constituyen un enfoque de investigación que combina o asocia formas cualitativas y cuantitativas. Para esta investigación, el uso de cuestionarios (componente cuantitativo) permite obtener una visión general del fenómeno, mientras que las entrevistas y los estudios de caso (componente cualitativo) facilitan la profundización en las experiencias de los actores involucrados. Esta integración responde a la necesidad de comprender de forma holística la reconfiguración del rol parental en el nivel preescolar a partir de la implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). La investigación se desarrolló en jardines de niños públicos urbanos ubicados en la zona escolar J‑179 del municipio de Naucalpan de Juárez, Estado de México, durante el ciclo escolar 2025 –2026, un periodo clave para observar la consolidación de la NEM en el nivel preescolar.
En el componente cuantitativo, la aplicación de cuestionarios en una escuela pública permitió obtener datos descriptivos sobre variables específicas, como la frecuencia de participación en actividades escolares, las percepciones generales sobre el rol parental y la comparación entre dos turnos distintos (matutino y vespertino) en la misma institución. Se lograron identificar tendencias y patrones en una zona marginada de Naucalpan, lo que permitió detectar similitudes, contrastes y áreas emergentes para el análisis cualitativo. La muestra fue de tipo no probabilística e intencional, conformada por 91 familias y 8 docentes de ambos turnos. El instrumento fue validado mediante juicio de expertos por la Supervisión Escolar, asegurando su congruencia con los ejes de la NEM. El estudio se enfocó en jardines de niños públicos urbanos ubicados específicamente en zonas de alta migración y marginación dentro del municipio de Naucalpan de Juárez, Estado de México. Esta delimitación se justifica por la necesidad de centrar la investigación en un contexto social y organizacional relativamente homogéneo que maximice la observación de los factores moderadores de interés, de modo que la zona funcione como una muestra que pone en evidencia la importancia del estudio.
En cuanto al análisis documental y bibliográfico, este componente se llevó a cabo de manera transversal a lo largo de toda la investigación y contribuyó a: analizar el programa de la NEM para comprender los fundamentos teóricos y prácticos que sustentan el nuevo rol de los padres; estudiar programas anteriores, a fin de establecer comparaciones históricas y observar la evolución del concepto de participación parental; y revisar aportaciones teóricas sobre la relación escuela‑familia, con el propósito de enmarcar teóricamente los hallazgos y posicionar el estudio en el debate académico actual. En el diseño de investigación cualitativa, se realizó un estudio de caso múltiple con elementos fenomenológicos; este componente constituye el núcleo de la investigación, pues permite comprender en profundidad cómo los padres experimentan y perciben la reconfiguración de su rol en el marco de la NEM.
La metodología cualitativa se sustenta en un diseño de estudio de caso múltiple con elementos fenomenológicos, centrado en el análisis de significados, prácticas y discursos desde la perspectiva de los propios actores. Se aplicaron cuestionarios en una escuela con dos turnos; aunque el estudio se efectuó en un mismo inmueble, se abordaron dos unidades de análisis independientes correspondientes a los turnos matutino y vespertino. Esta distinción es fundamental, dado que cada turno opera con estructuras de liderazgo, cuerpos docentes y comunidades de familias técnica y administrativamente diferenciadas. La validez de los instrumentos se estableció mediante un análisis de validez de contenido, asegurando que los reactivos estuvieran estrictamente alineados con los dominios y criterios de la NEM.
Asimismo, el diseño de las dimensiones fue supervisado y avalado por la autoridad educativa inmediata (Supervisión Escolar), lo que garantizó la pertinencia pedagógica y la adecuación del lenguaje al contexto de alta marginación analizado. La recolección de datos se llevó a cabo de manera digital mediante formularios de Google, distribuidos de forma escalonada para asegurar la trazabilidad institucional: desde la supervisión hacia las direcciones escolares y, de estas, al colectivo docente y a las familias a través de redes de mensajería instantánea (WhatsApp). Este método permitió una mayor tasa de respuesta en un entorno de alta movilidad y precariedad laboral, y garantizó la accesibilidad tecnológica de los participantes.
El presente estudio tiene un alcance descriptivo‑correlacional, con
un componente exploratorio inicial, con el propósito de abordar la complejidad de la reconfiguración del rol
de los padres en el contexto de la Nueva
Escuela Mexicana. El estudio busca describir el estado actual de la participación
parental y las estrategias que las escuelas
de preescolar están implementando para alinearse con los principios de la NEM. Mediante
la revisión documental y las entrevistas
se obtuvo una caracterización detallada de la situación. Una vez descrito el fenómeno,
el estudio se orienta hacia un alcance correlacional, pues, a través del cuestionario,
se analiza la relación entre variables clave, como las estrategias de los docentes y el nivel de participación de los
padres. Adicionalmente, los hallazgos cualitativos contribuyen a explicar las razones
que subyacen a las percepciones y experiencias de los participantes, lo que permite
comprender el porqué de las dinámicas observadas.
Por lo anterior, la hipótesis de esta investigación es la siguiente: La implementación del modelo
de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) en el nivel preescolar del municipio de Naucalpan
de Juárez, en el periodo 2024–2026, favorece una transformación progresiva del rol
de los padres y madres de familia, quienes transitan de una participación pasiva
hacia formas más activas y corresponsables en el proceso educativo de sus hijos
e hijas. No obstante, dicha transición se ve condicionada por factores moderadores
asociados al contexto de alta marginación, los cuales influyen en la intensidad,
continuidad y calidad de la participación parental.
La implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) constituye una transformación profunda en el sistema educativo nacional, en la medida en que coloca a los actores sociales en el centro del proceso formativo. Entre estos actores, los padres y madres de familia ocupan un lugar estratégico que, de manera histórica, ha sido limitado a tareas auxiliares o de acompañamiento eventual (Sánchez & Padilla, 2020). El paradigma impulsado por la NEM propone un cambio sustantivo: los padres y madres ya no son concebidos únicamente como apoyo externo, sino como agentes corresponsables del proceso educativo y protagonistas activos en la construcción de comunidades escolares (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019).
Esta reconfiguración del rol familiar adquiere especial relevancia en el nivel preescolar, etapa en la que se establecen las bases del desarrollo integral de niñas y niños. La evidencia empírica ha demostrado que la participación activa de las familias tiene un impacto positivo en el rendimiento académico, la autoestima y la adaptación escolar del alumnado (Espinosa, 2018). En este sentido, comprender los factores que favorecen o limitan la implicación de los padres y madres en contextos específicos resulta fundamental para fortalecer los vínculos entre escuela y familia.
La pertinencia del presente estudio se sustenta en razones de carácter pedagógico, social, institucional y académico. Desde el plano pedagógico, analizar cómo se materializa el principio de corresponsabilidad propuesto por la NEM permitirá diseñar estrategias docentes más contextualizadas, capaces de responder a las particularidades de comunidades con alta movilidad poblacional, como es el caso de Naucalpan de Juárez. Desde la perspectiva social, esta investigación busca contribuir a la construcción de comunidades educativas más inclusivas, democráticas y solidarias, en línea con planteamientos previos sobre participación escolar (Frigerio, 2006).
En el ámbito institucional, el estudio aporta evidencia empírica sobre los avances, desafíos y obstáculos en la implementación de la NEM desde la voz de sus actores clave: docentes, directivos y padres y madres de familia. Estos hallazgos resultan esenciales para el diseño y la evaluación de políticas públicas orientadas a fortalecer la colaboración escuela–familia, particularmente en municipios donde los fenómenos migratorios configuran realidades complejas que inciden en la dinámica escolar. Finalmente, en el terreno académico, se busca generar conocimiento que dialogue con la literatura especializada y ofrezca nuevas perspectivas teóricas y metodológicas en torno a la participación de las familias en el nivel preescolar.
Bajo este marco, la investigación se orienta a responder
la siguiente pregunta central:
¿cómo se está reconfigurando el
rol de los padres y madres de familia en el nivel preescolar a partir de la implementación de la NEM y qué factores
moderadores favorecen o limitan su transición de espectadores a protagonistas dentro
de la comunidad escolar?
La selección de la colonia Alfredo V. Bonfil, en Naucalpan de Juárez, se justifica por su relevancia metodológica al constituir un caso paradigmático de segregación socioespacial. Si bien Naucalpan es un municipio con grado de marginación muy bajo (CONAPO, 2020), esta colonia representa un enclave de alta precariedad que evidencia la desigualdad territorial en la Zona Metropolitana del Valle de México.
Esta condición de vulnerabilidad no solo ofrece datos duros sobre carencias, sino que resulta fundamental para el estudio, ya que funciona como un factor modelador en la materialización de la corresponsabilidad educativa. La brecha entre el ideal normativo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y la realidad práctica no se explica únicamente por el desconocimiento, sino también por el impacto directo de la marginación. En entornos como Bonfil, las prioridades familiares se centran en la supervivencia diaria (acceso a servicios, seguridad e ingresos), lo que genera fuertes obstáculos culturales y resistencias para asumir roles de coparticipación que demandan tiempo y recursos escasos.
En este sentido, el estudio de Bonfil permite documentar cómo la convergencia del rezago social y las inercias culturales modela y distorsiona la implementación normativa, demostrando que la pobreza no solo es una carencia, sino una variable activa que determina los límites y las posibilidades de la participación familiar. Este análisis ofrece una perspectiva crucial sobre la aplicabilidad y los alcances del modelo de la NEM en contextos de alta vulnerabilidad socioeconómica, lo que fortalece la validez y relevancia de la investigación.
La implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) representa una transformación profunda del sistema educativo nacional, orientada a fortalecer el papel de los actores sociales en la formación de las nuevas generaciones. En este marco, los padres y madres de familia adquieren un rol central que, históricamente, había estado restringido a funciones auxiliares y de apoyo logístico (Sánchez & Padilla, 2020). La NEM, en cambio, propone reconocerlos como agentes corresponsables del proceso educativo, trascendiendo la visión tradicional que los mantenía como espectadores pasivos (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2019).
Este cambio responde no solo a una necesidad pedagógica, sino también a una exigencia social: consolidar una educación democrática, inclusiva y participativa que vincule la escuela con la comunidad en un contexto de profundas transformaciones, como la movilidad migratoria en municipios como Naucalpan de Juárez. En los modelos tradicionales (2004/2011), la participación de los padres y madres se limitaba principalmente a cumplir normas institucionales, atender problemas de disciplina o aportar materiales escolares; la visión escolar predominante los situaba como colaboradores pasivos, subordinados a las directrices del docente o de la administración.
La NEM, por el contrario, redefine este rol al considerarlos protagonistas activos y socios fundamentales en la educación de sus hijos e hijas (SEP, 2019). Esta transformación implica un reconocimiento formal de la corresponsabilidad y promueve una gestión escolar democrática y abierta, en la que las familias participan no solo como apoyo, sino como actores que inciden en las decisiones educativas. El contraste entre modelos es evidente también en la finalidad de la participación: mientras que antes el propósito central era garantizar el cumplimiento de normas y contribuir al sostenimiento material de la escuela, la NEM concibe la participación parental como un proceso integral que contribuye al desarrollo cognitivo, afectivo, psicomotor y social del alumnado.
De este modo, la familia deja de ser un recurso auxiliar y pasa a ser un agente formador, capaz de cocrear saberes, reforzar hábitos de salud y fortalecer los aprendizajes adquiridos en la escuela. El modelo tradicional se caracterizaba por una concepción de la escuela como entidad cerrada, donde la interacción con las familias se reducía a actividades consultivas u operativas y la frontera entre lo escolar y lo familiar estaba claramente delimitada, lo que restringía las posibilidades de colaboración real.
La NEM rompe con esta lógica al postular que la escuela no puede entenderse al margen de su contexto comunitario. En esta perspectiva, la educación deja de ser un proceso bilateral (alumno–docente) para convertirse en una dinámica multilateral en la que participan familias, comunidad y diversos agentes sociales. En los modelos previos, el valor se centraba en los conocimientos formales transmitidos por el docente, bajo un currículo estandarizado y fragmentado que invisibilizaba la riqueza cultural y social de las familias.
La NEM, en contraste, reconoce los saberes originados en el hogar y los considera fundamentales para la interiorización de la herencia cultural y las tradiciones populares. Al integrar estos saberes en el proceso educativo, se logra una mayor contextualización de los aprendizajes, vinculando los contenidos escolares con la realidad social y cultural de las comunidades. La justificación del involucramiento familiar también ha experimentado una evolución significativa: en el modelo tradicional, la participación se legitimaba en términos normativos (cumplir reglas y apoyar la gestión institucional), mientras que la NEM la concibe como un ejercicio de madurez democrática, donde la participación de los padres constituye un derecho y un deber ciudadano (Frigerio, 2006).
La colaboración escuela–familia se fundamenta así en la construcción de comunidades educativas inclusivas, equitativas y solidarias, coherentes con los principios de justicia social y democracia participativa. En municipios como Naucalpan de Juárez, donde los flujos migratorios y los cambios de domicilio generan dinámicas sociales complejas y altos niveles de marginación, la reconfiguración del rol parental adquiere una relevancia particular. La movilidad de las familias conlleva desafíos como la desarticulación de redes sociales, la precarización laboral y la inestabilidad en los procesos formativos de niñas y niños.
En este contexto, el fortalecimiento de la corresponsabilidad parental y el reconocimiento de los saberes familiares se convierten en factores moderadores que permiten a las comunidades escolares adaptarse a escenarios de diversidad cultural y socioeconómica. La NEM, al abrir la escuela a la comunidad, ofrece un marco idóneo para afrontar estas realidades y promover una educación más contextualizada y resiliente. El cambio de paradigma no es meramente discursivo, sino que entraña implicaciones pedagógicas e institucionales: pedagógicamente, exige que los docentes diseñen estrategias de enseñanza que integren la participación de los padres como parte de los procesos formativos, y no como una actividad secundaria; institucionalmente, demanda transformar los mecanismos de gestión escolar hacia formas más horizontales y participativas.
La colaboración escuela–familia, en este sentido, no solo fortalece los aprendizajes de los estudiantes, sino que también legitima el proyecto educativo de la NEM al traducirlo en prácticas concretas de corresponsabilidad y democracia escolar. El análisis comparativo muestra que la NEM no se limita a modificar formalmente los lineamientos educativos, sino que propone una reconfiguración integral de la relación entre escuela, familia y comunidad. Este nuevo enfoque supera las limitaciones del modelo tradicional al reconocer a los padres como corresponsables de la formación integral y al valorar sus aportes culturales y sociales.
En contextos de alta marginación, como ciertas zonas de Naucalpan de Juárez, este cambio se convierte en un elemento estratégico para garantizar la cohesión comunitaria, el arraigo cultural y la mejora de los procesos educativos en la primera infancia.
Los hallazgos del estudio evidencian que la participación de los padres y madres de familia en el nivel preescolar en Naucalpan de Juárez se encuentra fuertemente condicionada por factores asociados a la migración interna y externa, así como por las condiciones socioeconómicas, los problemas de alta marginación y las dinámicas laborales de los hogares.
Respecto a los niveles de participación, el 73.6% de los padres y madres reportó una participación limitada, similar a la que
predominaba en el modelo escolar anterior, restringida a reuniones escolares obligatorias
y a actividades solicitadas o programadas
por los docentes. Un 24% mostró una participación protagónica, al involucrarse en
actividades extracurriculares y proyectos comunitarios con una actitud activa y
propositiva. Solo un 10% se identificó con una participación activa y sistemática
en el proceso educativo (Figura 1).
Finalmente, el 2.2% de los padres y madres considera que su participación no es necesaria y colabora únicamente cuando se le requiere, sin percibirse como actor importante dentro del proceso educativo. Es así que casi la mitad de los padres no reconoce que el programa educativo haya cambiado en los últimos años.
En cuanto a los factores moderadores identificados se reconocen, en primer
lugar, las condiciones laborales —como las jornadas extensas y los empleos informales— que reducen la disponibilidad
de tiempo: el 50.5% de los padres y madres señala este aspecto como un factor que
modela su participación. El 9.9% menciona que la situación económica es un factor muy importante que afecta su involucramiento,
mientras que el 35.2% alude a la organización y coordinación de las escuelas para
las actividades escolares, así como a la delegación de responsabilidades en abuelos,
abuelas u otros familiares, situación que se refleja en las entrevistas, en la medida
en que a menudo se evita explicitarla, lo que fragmenta la comunicación con la escuela.
En relación con el capital cultural, las familias con mayor nivel educativo y mejor acceso a tecnologías muestran un mayor involucramiento en los procesos pedagógicos. A su vez, el entorno comunitario —en particular las redes vecinales y religiosas— funciona como un espacio de mediación que favorece la corresponsabilidad y fortalece los vínculos entre escuela y familia (Figura 2).
Los resultados confirman que la participación de los padres de familia en contextos de alta migración no depende únicamente de la voluntad individual, sino de un entramado de factores estructurales y culturales que median su involucramiento y que derivan de las condiciones de alta marginación.
En este escenario, es importante destacar que las estrategias que se derivan de este diagnóstico se orientan a acciones de mejora en la formación básica de los alumnos de preescolar, donde se requiere una participación activa de padres y madres de familia, docentes y directivos. Para ello, se hace necesaria una capacitación permanente de los educadores, principalmente en torno a los nuevos modelos educativos, acompañada de una actitud proactiva y de construcción de alianzas como comunidad educativa.
Existe un consenso absoluto por parte del profesorado respecto a la importancia de la participación familiar, hallazgo que se alinea con los principios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). El 100% de las docentes considera que los saberes y experiencias de los padres son “sumamente” importantes para el aprendizaje de los niños, lo que valida la tesis de que la educación se concibe como una tarea compartida entre la escuela y la comunidad. Al evaluar el rol actual de los padres y madres en la escuela, el 100% de las docentes los identifica como “colaboradores”. Esta percepción sugiere que las familias contribuyen activamente a las tareas y proyectos propuestos por la escuela, aunque todavía no son vistas como “protagonistas” en la toma de decisiones, en el diseño curricular ni como copartícipes plenos de los proyectos comunitarios que la NEM propone.
Respecto al marco pedagógico actual, si bien existe una mayoría que respalda los cambios, el acuerdo no es total, lo que puede influir en la implementación de la filosofía de la NEM, que promueve la integración comunitaria. Solo el 12.5% de las docentes encuestadas se declara “totalmente de acuerdo” con los principios de la NEM, mientras que el 87.5% manifiesta estar de acuerdo “solo en algunos puntos”. Esta reserva mayoritaria podría estar relacionada con la percepción de la carga de trabajo y con las expectativas sobre el rol docente, tal como se refleja en las respuestas abiertas.
En síntesis, los resultados indican que, a pesar de la buena disposición de la escuela y de la autoridad educativa, persisten factores culturales y sociales que dificultan la participación plena de las familias.
Las docentes afirman realizar esfuerzos sistemáticos para involucrar a las familias y, en gran medida, sienten el respaldo de su autoridad (Figura 3). El 87.5% de las maestras considera que su autoridad “frecuentemente” promueve la participación de los padres de familia. Las estrategias más utilizadas para fomentar la participación activa son la colaboración en el aula (37.5%) y la participación en el diseño de proyectos escolares (25%.
Las docentes identifican dos barreras principales: las creencias culturales de los padres y los factores sociales y laborales que dificultan la asistencia. El 62.5% de las docentes atribuye a la creencia de los padres y madres de que “la educación es solo tarea de los docentes” un efecto que impacta “demasiado” en la participación, y un 12.5% considera que la afecta “la mayoría de las ocasiones” (Figura 4). Esto sugiere una necesidad urgente de modificar la cultura de corresponsabilidad entre la escuela y el hogar. El 62.5% de las docentes percibe que “la mayoría de las ocasiones” existen situaciones o factores que dificultan la participación activa de las familias. Además, el 75% opina que la forma en que la escuela comunica —en términos de avisos y horarios— constituye un obstáculo “en algunos casos” para la participación.
Los resultados ponen de manifiesto una paradoja en la participación: las docentes valoran plenamente el rol de los padres (100%) y sienten que promueven su participación (87.5%), pero, al mismo tiempo, las familias siguen siendo vistas únicamente como “colaboradores” y enfrentan barreras significativas (creencias culturales y dificultad de asistencia). Las docentes demandan apoyo para superar estos obstáculos, señalando que la responsabilidad no debe recaer exclusivamente en ellas.
Las necesidades de apoyo se concentran en: una mayor corresponsabilidad de las autoridades —se solicita que estas también promuevan la participación de los padres y madres y no deleguen la responsabilidad de la crianza o de los problemas sociales solo en el profesorado—; y en el fortalecimiento de la obligatoriedad y la motivación, dada la petición explícita de “más obligatoriedad en preescolar”, junto con estrategias de apoyo que sean “motivacionales y dinámicas” para involucrar a las familias. La solicitud incluye contar con tiempos efectivos para las actividades diseñadas, avisar con suficiente anticipación y promover actividades que los padres y madres puedan trabajar en casa, lo que evidencia la necesidad de mayor flexibilidad en los mecanismos de participación.
En suma, la investigación revela un profesorado con clara disposición y conciencia del valor de la participación familiar, pero que percibe una resistencia cultural y sistémica que requiere de un apoyo institucional más robusto y de un cambio en la percepción de los roles educativos en la comunidad.
Estos hallazgos coinciden con estudios previos (Epstein, 2018; García & Herrera, 2022), que destacan la relevancia del tiempo disponible y del capital cultural como predictores de la implicación parental. Sin embargo, el caso de Naucalpan de Juárez introduce un matiz adicional: la ausencia física por migración internacional y nacional, que genera una forma de participación indirecta basada en remesas y comunicación a distancia, así como la alta marginación, que impacta de manera directa en el capital cultural y social de las familias.
La NEM propone una escuela abierta, colaborativa y sensible a la diversidad cultural. El estudio demuestra que estas premisas enfrentan barreras en contextos migratorios y marginales, donde la corresponsabilidad educativa exige mecanismos innovadores: el uso de plataformas digitales que permitan la interacción a distancia, programas de formación para docentes en gestión de comunidades transnacionales y estrategias de flexibilidad horaria para involucrar a padres y madres con empleos precarios.
De este modo, las aportaciones del estudio se expresan en: la generación de evidencia empírica sobre la influencia de la migración en la participación escolar; la identificación de moderadores clave que pueden orientar políticas educativas locales; y la propuesta de concebir la participación parental como multiforme (presencial, virtual, comunitaria, delegada) y no exclusivamente presencial.
En cuanto a las limitaciones y futuras líneas de investigación, el estudio se circunscribe a Naucalpan de Juárez; será necesario ampliar el análisis a otros municipios con dinámicas migratorias y de marginación distintas. La investigación se centró en padres y madres de familia; incorporar la voz de un mayor número de docentes y directivos permitiría triangular y enriquecer los resultados. El periodo 2024–2026 ofrece un marco temporal acotado; en este sentido, los estudios longitudinales podrían resultar especialmente prometedores para medir la evolución de la participación a largo plazo.
El estudio realizado en el municipio de Naucalpan de Juárez durante el periodo 2024–2026 permite afirmar que la participación de los padres y madres de familia en el nivel preescolar constituye un proceso complejo, atravesado por condiciones estructurales, socioculturales e institucionales que actúan como factores moderadores. Entre los hallazgos más relevantes destacan los siguientes: en cuanto a las condiciones diferenciadas de participación, la mayoría de los padres mantiene una participación limitada, centrada en reuniones escolares obligatorias; un grupo menor logra implicarse en actividades extracurriculares y solo una minoría sostiene una participación sistemática. Esta diversidad refleja la influencia de variables como la disponibilidad de tiempo, las condiciones laborales y el capital cultural de las familias.
La migración interna constituye un factor decisivo: la ausencia física de los padres —en muchos casos compensada por el envío de remesas o la delegación de responsabilidades a otros familiares— genera nuevas formas de participación indirecta que deben ser reconocidas como parte de las dinámicas escolares. Las áreas de marginación en Naucalpan, a menudo ubicadas en zonas de valor ambiental o de riesgo, se caracterizan por una fragmentación urbana y un déficit de equipamiento e infraestructura que no ha logrado seguir el ritmo del crecimiento poblacional, en buena medida impulsado por la migración. La alta concentración de población, incluidos los nuevos migrantes, sobrepasa la capacidad de los servicios de salud y educación existentes; esto se refleja en la carencia por acceso a la seguridad social y a servicios de salud, así como en los porcentajes de población con educación básica incompleta, lo que dificulta que los padres reconozcan la importancia de su participación activa en las actividades escolares.
La NEM ofrece un horizonte pedagógico incluyente y democrático que reconoce a los padres y madres como agentes corresponsables. Sin embargo, su implementación enfrenta retos importantes en contextos migratorios, principalmente por la falta de capacitación docente para el trabajo con comunidades diversas y por las resistencias derivadas de prácticas escolares verticales. Los resultados evidencian que la participación de los padres y madres no puede concebirse de manera uniforme ni exclusivamente presencial; es necesario reconocer su carácter multiforme —presencial, virtual, comunitario o delegado— y promover políticas educativas que faciliten esta diversidad de formas de involucramiento. La investigación aporta evidencia empírica sobre la influencia de la migración en la vida escolar y sugiere que el fortalecimiento de la comunicación bidireccional, el diseño de estrategias de flexibilidad horaria y la integración de plataformas digitales pueden ampliar las oportunidades de participación, al tiempo que subraya la relevancia de construir redes comunitarias que fortalezcan la corresponsabilidad educativa.
En este ciclo escolar, el trabajo con las familias se plantea explícitamente como uno de los temas a retomar en los consejos técnicos escolares de educación básica, resaltando la importancia de la contribución de las familias para enriquecer e intercambiar saberes y conocimientos familiares y comunitarios, lo cual es indispensable para la construcción de un currículo territorializado que responda a los intereses, necesidades y características de niñas, niños y adolescentes (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2025).
En suma, la participación de los padres y madres de familia en el marco de la Nueva Escuela Mexicana requiere ser entendida como un fenómeno dinámico, condicionado por múltiples factores y estrechamente vinculado a las transformaciones sociales de los territorios. Reconocer estas realidades permitirá consolidar comunidades escolares más inclusivas, resilientes y capaces de responder a los desafíos que plantea la movilidad poblacional en México.
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Fecha de recepción: 19 de noviembre de 2025
Fecha de dictaminación: 22 de noviembre
de 2025
Fecha de aceptación: 28 de febrero
de 2026
Fecha de publicación: 21 de marzo de 2026