Crítica erasmiana a la tradición religiosa y política del siglo XVI en el Elogio de la locura[1]
Erasmian criticism of the religious and political tradition of the 16th century in Praise of Folly.
Dolores Susana González Cáceres
Universidad Nacional Autónoma de México
Resumen
En este artículo se expondrá en qué consiste la crítica erasmiana a la tradición religiosa y política del siglo XVI a través de la obra más reconocida de Erasmo, Elogio de la locura (1511), con el objetivo de sostener que este libro destaca por ser uno de los primeros en ocuparse del tópico de la locura, además es un texto filosófico relevante pues además de que su originalidad estriba en el auténtico tratamiento que Erasmo lleva a cabo de la noción Estulticia, resalta el hecho de que el pensador se sirve de dicho análisis para exponer de una manera sumamente original sus tesis filosóficas, las cuales en conjunto conforman su crítica en contra tanto de los excesos de los religiosos y de los políticos; además de la falta del ejercicio de la virtud en la vida de los individuos.
Palabras clave: filosofía, locura, humanismo, vicio y virtud.
Abstract
This article will explain what Erasmian criticism of the religious and political tradition of the 16th century consists of through Erasmus' most recognized work, In Praise of Folly (1511), with the aim of maintaining that this book stands out for being one one of the first to deal with the topic of madness, it is also a relevant philosophical text because in addition to the fact that its originality lies in the authentic treatment that Erasmus carries out of the notion Stuttishness, it highlights the fact that the thinker uses said analysis to present in a highly original way his philosophical theses, which together make up his criticism against both the excesses of the religious and the politicians; in addition to the lack of the exercise of virtue in the lives of individuals.
Keywords: philosophy, madness, humanism, vice and virtue.
Locura y filosofía
A lo largo de la historia de las ideas, diversos filósofos se han ocupado del tema de la locura desde posturas y sistemas que entre sí pueden resultar poco compatibles. Uno de los primeros pensadores que se interesó por el tema fue Platón, quien habló
...de una buena locura, de una locura de origen divino entendida como exaltación que conduce a la creación artística… (Menón, 98b; Fedro 244a) afirma que dicha forma de locura es la base de la creación artística y, especialmente, de la poesía, o la base del impulso amoroso y la tendencia hacia lo bello. En el Fedro se pueden rastrear cuatro formas de locura: la profética, la purificadora, la poética y la amorosa (Encyclopaedia Herder, 2023, párr.3)
En alusión médica, al igual que Hipócrates, Aristóteles ya se había referido también a la locura definiéndola como la famosa bilis negra y sostenía que más allá de enfermar en proporciones adecuadas [se le puede ubicar como] la raíz de los procesos creativos (Encyclopaedia Herder, 2023).
En ese sentido, resulta importante observar que la aproximación al término locura en pensadores como Artaud, Nerval, Van Gogh, Nietzsche o Hölderlin, es similar a la de estos clásicos griegos, pues para estos filósofos también el loco es un genio; es decir que la locura es el elemento detonador del ánimo creativo y creador porque produce la inspiración de la genialidad.
Por otra parte, los estoicos consideraron que contar con sabiduría implicaba la indiferencia frente a las pasiones, el no dejarse llevar por ellas. De ahí que algunos filósofos posteriores en el siglo XVII retomaran dicha tesis estoica y la unieran a la reflexión sobre la moral, donde el loco pasa a ser un enfermo moral:
La unión de esta perspectiva con la que considera la locura como una enfermedad contraria a la «normalidad» (lo que supone la aceptación previa de una norma y un canon de racionalidad), ha conducido, junto con una politización de la moral, a considerar al loco como un ser asocial. Por ello, en determinadas sociedades altamente represivas, en las que se identifica razón con razón de Estado, se ha considerado como un loco al que se opone a la política del Estado, convirtiendo los manicomios en cárceles políticas. En cuanto que la locura se entienda ligada a los «desórdenes» morales, el loco es considerado no sólo un enfermo, sino un depravado. De ahí arranca una tradición clínica, denunciada por Foucault y Deleuze, que conduce a la instauración de manicomios-cárcel. Según Foucault el gran internamiento de los locos es contemporáneo del racionalismo cartesiano, y es el equivalente a la segregación de los leprosos en la Edad Media. A partir de los inicios de la modernidad, la institución psiquiátrica encierra y aparta a todos aquellos que manifiestan una conducta incompatible con las normas sociales medicolegales. Por ello, a menudo también se encerraba a los inadaptados a la familia, al trabajo, así como a los libertinos y a los vagabundos, junto con todos aquellos cuyo discurso se apartará de las normas consideradas racionales. De su terapia, encaminada a la reinserción social, y generalmente coactiva, se encargan funcionarios representantes del orden: policías, psiquiatras o psicólogos. A pesar de los intentos reformadores de las instituciones psiquiátricas, efectuados a partir del siglo XIX, la tendencia a considerar al loco como un desviado se mantiene a partir de la consideración del punto de vista del orden establecido…Foucault y Deleuze denunciarán también la tendencia a la medicalización de toda la sociedad, con lo que su denuncia apunta al control médico-policial de toda la sociedad, que considera unas pautas de conducta como normales y aparta fuera de sí todo cuanto aparezca como diferente. A partir de esta posición cabe más bien considerar la locura como una realidad antropológica, como lo otro de la razón.
En este sentido, cabe entender también el concepto de locura como se entendía en determinadas sociedades primitivas, es decir, como estado que provoca que el sujeto que lo experimenta hable y se comporte de forma no ordinaria, sin que ello implique una connotación peyorativa, sino que, incluso, al contrario, se afirme que los locos revelan otra verdad, en la medida en que la razón aparece en ellos interrogada por su negación.
Por otra parte, siguiendo a Deleuze y Foucault, si se entiende la locura como forma extrema de la alienación, se puede considerar como un rechazo de las normas sociales «normales», como una protesta inconsciente hacia el discurso normativo. Así, en cuanto que la locura es expresión de un rechazo social, no hay para ella solución puramente psiquiátrica, sino que es preciso un cambio social. Esta es la posición que adoptó el movimiento de la antipsiquiatría. (Encyclopaedia Herder, 2023, párrs. 7-9).
Para entrar en materia, en los siguientes apartados de este ensayo, con respecto a la crítica religiosa y política del siglo XVI que lleva a cabo Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura, primero resulta pertinente señalar que, en su acepción más común, actualmente se suele entender a la locura como “un término psicológico que expresa alguna disfunción mental que comporta la pérdida del juicio o de la razón” (Encyclopaedia Herder, 2023, párr. 1). Sin embargo, por cuestiones éticas al interior de la esfera de la ciencia médica de la psiquiatría ya es inusual decir de alguien que sufre alteraciones en sus estados mentales es un loco, más bien se le nombra como enfermo mental; y aun así desde la filosofía o la bioética, por ejemplo, se ha cuestionado el uso del término enfermedad para referirse a todos los casos de las personas que presentan alteraciones de sus facultades mentales, justamente por la variabilidad casuística.
A pesar de lo anterior, en general, las personas continúan usando la palabra locura en muchos sentidos, incluido el uso de la acepción referente a la locura patológica, aunque es cierto que es más común utilizar la noción de locura cuando se quiere denotar “un estado de exaltación o que excede lo ordinario” (Encyclopaedia Herder, 2023, párr. 1). Por ello, resulta pertinente aclarar que, al contrario de Saéz (2012), este trabajo se centrará en la caracterización erasmiana de la locura y dejará de lado lo referente a la locura patológica y los temas aledaños a ésta, que como ya se mencionó se han tratado desde áreas como la filosofía de la psiquiatría, la filosofía de la ciencia, la filosofía de la mente, la bioética o desde esferas más amplias como las así llamadas filosofía analítica o continental. Esto es así debido a que el objetivo último de este ensayo es mostrar en qué consiste la crítica erasmiana a la tradición religiosa del siglo XVI.
La Estulticia del Elogio
Como señala Fischl (2010), el pensamiento de Erasmo se ubica en la corriente del Renacimiento de los siglos XV y XVI que no es una “mera resurrección del pensamiento grecorromano sino [una] auténtica discusión de la herencia de los antiguos” (p. 223). En otras palabras, las ideas filosóficas de Erasmo forman parte del germen de toda la subsiguiente edad moderna. De modo que la principal obra por la cual es conocido Erasmo, es decir, el Elogio de la locura (Stultitiae laus, Morias enkomion, Elogio de la Necedad, Elogio de la Estulticia), es un escrito que se inserta en esta corriente del Renacimiento temprano. A pesar de ser la obra maestra de Erasmo, muchas veces debido a su fama ha estado sujeta a lugares comunes cuando en realidad no es un texto sencillo o simplemente burlesco, pues más bien encierra la crítica a la tradición eclesiástica, pues tiene origen a partir de la decepción que Erasmo tiene de Roma, luego de estar ahí por primera vez en 1509. Dicho sentimiento se expresará en el Elogio de forma crítica.
El Elogio es una obra satírica en la que Erasmo da cuenta de su experiencia de hombre, de cristiano, de viajero y de humanista. Obra maestra de humor y de sabía ironía, el más célebre de los libros de Erasmo pone en escena a la Locura personificada y al mundo, su teatro. La Locura se alaba a sí misma por todas las tonterías que hace cometer a sus discípulos innumerables. ¡Nadie escapa de sus elogios comprometedores! Papas y obispos, filósofos y sabios, príncipes y soldados, mujeres y monjes, todos y todas están locos o locas… (Halkin, 1992, p.50).
Erasmo dedica esta obra a su amigo Tomás Moro y decide personificar a la Locura a través de varios rostros. La Estulticia o necedad es multifacética, pues es su naturaleza vestirse de acuerdo con la ocasión, cambiar de cara como mejor le acomoda, adaptarse con un rostro diferente. Con este libro Erasmo se convierte en una celebridad y como señala Halkin (1992) debido a su originalidad no es como tal sólo uno de tipo literario, filosófico o teológico, pues más bien el neerlandés “ha puesto en el Elogio toda su ciencia y… arte, toda su crítica y toda su fe…” (p. 54).
El humanista cristiano en la carta -apología- que le envía a su amigo Tomás Moro para contarle sobre el Elogio explica que le parece tonto tratar con seriedad cosas frívolas y ser frívolo con las cosas serias, por lo cual considera haber hablado de la locura de una forma que no es absolutamente loca. Dice “...no catalogué las vergüenzas sino los ridículos...es honorable ser atacado por la locura, ya que es a ella a quien pongo en escena con todos los rasgos de su personaje” (Halkin, 1992, pp. 114-115).
[El Elogio es un encomio paradójico. Discurso epidíctico caracterizado por estar dirigido] a un público que no podía influir sobre los hechos narrados, sino que se tenía que limitar a asentir o disentir…El elogio paradójico se define como una <declamación> (palabra que aparece en el título original del libro) <en la que los métodos legítimos del elogio se aplican a personas u objetos indignos de dicho elogio>. No hay duda de que la Locura personificada entraba dentro de esta categoría. Éste es, por tanto, el marco formal en el que hay que inscribir el Elogio de la locura (Bayod & Parellada, 2011, p. XXXIX).
Un aspecto novedoso de esta obra es que sea la Locura quien haga su propio elogio. Los antecedentes inmediatos de tal recurso se pueden hallar, por ejemplo, en Plutarco, quien hizo un autoelogio de la Pobreza. La Locura del Elogio es un actor mordaz y aunque perversa es óptima debido a que expone sin más los disparates de los seres humanos, sus miserias, hipocresías, debilidades y mezquindad. Como señalan Bayod y Parellada (2011), en esta obra Erasmo a través de la voz de la Locura desmenuza todos los sectores de la sociedad, pasa por todos los estratos, por los religiosos, los intelectuales, los reyes, los campesinos, los ancianos, las mujeres, etc., pues todos despliegan alguna forma de locura, todos han estado dementes en algún momento. Es así como exponen que:
No es un texto de mera diversión… y todos los temas que preocupaban a Erasmo están presentes en ella: el humanismo, el irenismo, el compromiso cristiano... Erasmo busca a través de sus paradojas, de sus provocaciones, una finalidad pedagógica. Que rían, piensa, pero luego que reflexionen… (Bayod & Parellada, 2011, p. XL-XLI).
En relación con la estructura de la obra, Bayod y Parellada (2011) coinciden en dividir el libro en 3 partes:
“…la locura proporciona la ilusión necesaria para que la vida sea más tolerable” (p. XC). Esta primera parte alude al tipo de Estulticia que afecta a los mortales, cuyo motor puede ser o el amor, o el instinto sexual o las obsesiones.
“la locura es la que quita y pone cargos eclesiásticos y les ayuda para que no sean conscientes de su irresponsabilidad; luego distingue entre dos tipos de locura, una destructora y una afable, y recrea un tema tradicional: los diversos grupos sociales afectados por la locura…” (p. XCI). En esta segunda parte, Erasmo lleva a cabo el mayor desarrollo de diversos tipos de Estulticia, los cuales abarcan al clero, a los pensadores, a los sabios y a distintos actores sociales. Además, hace la diferencia entre los dos grandes aspectos de la necedad: una que es detonadora positiva y otra que te arrastra a la negatividad.
La tercera y última parte está dedicada a la locura de Cristo o a la locura de la Cruz, que para Erasmo es “la más pura y elevada de las locuras. Es la conclusión de la obra [donde] la sátira inicial ha desaparecido” (p. XCI), puesto que aquí se localiza la propuesta filosófica erasmiana de dejarse llevar por la caridad y la práctica verdadera de las enseñanzas de los evangelios de Cristo.
Además, Bayod y Parellada (2011) agregan que, según Erasmo, en el Elogio de la locura deseaba expresar las mismas ideas que sostuvo en el Enquiridión “pero en broma”, ya que su propósito fue el mismo: exponer la vida cristiana, pero en estilo diferente. Muestra de ello es, por ejemplo, el tema ontológico de la realidad, el cual aparece en los dos textos mencionados y donde Erasmo mantiene una visión muy platónica del mundo, porque lo material o externo es en realidad menos real que lo espiritual e interno.
Con sentido crítico, el propio Erasmo en su Elogio expone que es absurdo que los religiosos sean más consecuentes con los ultrajes propios que llevan a cabo en contra de Cristo que con respecto a ligeras bromas sobre su actuar. Por eso más que mordaz, considera a su texto como una obra que alecciona y aconseja, pues no está dedicada a algún hombre en particular, sino que está en contra de todo vicio.
Para Erasmo dioses y hombres se regocijan en su necedad y es la locura la que se llena de alabanzas y se ensalza con ello. Por su parte, a través de la pluma del filósofo, la voz de la Estulticia toma cuerpo para asegurar que todos los mortales le rinden culto y consideran benéfica su influencia. No se considera una simuladora. Cuenta ser el fruto del amor entre Pluto, el Dios de la riqueza y Neótete, la ninfa de la juventud; haber nacido en las Islas Afortunadas; ser amamantada por la ninfa Mete (la Embriaguez) y Apedia (la Ignorancia); y saberse compañera de la Irreflexión. Enfatiza “...tengo sujeto a mi poder todo cuanto existe e incluso ejerzo mi imperio sobre los propios emperadores” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, 2011, pp. 218-219).
La Locura asevera que sin ella ningún vínculo humano en la vida podría considerarse feliz o estable. Se requiere de ella para sobrellevar una relación. Asimismo, toda gran acción es emprendida por su impulso. Sostiene que los filósofos son inútiles para todas las cosas de la vida y afirma que además son la clase de hombres que son infortunados en todo, especialmente en la procreación de hijos (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, 2011). Se dice liberadora de los dos obstáculos que impiden alcanzar el conocimiento de las cosas, es decir, del pudor y del miedo, “todos los asuntos humanos, igual que los Silenos de Alcibíades, tienen dos aspectos, en nada semejantes entre sí…si abres el sileno, de repente te aparecerá todo cambiado” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 242).
Para la Locura todo es ficticio y la vida es una comedia. A la felicidad sólo se accede bajo la guía de la necedad. La Locura odia a los filósofos porque son los únicos que la increpan, pues ellos son quienes sostienen que, al ser prisioneros de la necedad, los hombres erran, son engañados y, por tanto, viven en la ignorancia (Erasmo 1511/2011). Esta es la naturaleza de ser hombre, ser sujetos de la locura, ser esclavos de la locura. Asegura que el vulgo y la plebe le pertenecen por completo, pues las formas de la Estulticia son tantas como se pueden inventar a diario. Para la Locura somos animalillos minúsculos que provocan tragedias tremendas.
Como parte de su crítica, Erasmo hace una semblanza comparativa entre la felicidad de los necios y los sabios. Para la locura los primeros sí son felices mientras que los segundos son desgraciados, ello porque están orgullosos de su sabiduría y aportan verdades y, por ende, tristeza a los gobernantes; mientras que los necios aportan diversión, carcajadas y chanzas a la nobleza. “El necio, cualquier cosa que tenga en el pecho, la refleja en el rostro y le da salida por su boca. Los sabios, en cambio, tienen dos lenguas, como recuerda el mismo Eurípides: una con la que dicen la verdad; otra con la que dicen lo que creen conveniente en cada ocasión” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 253).
Erasmo también aclara que hay dos tipos de locura: una que es siniestra y furiosa, vengativa, venenosa y peligrosa porque consume el espíritu consciente y otra que es deseable, porque procede de uno mismo y “suele manifestarse como un cierto gozoso desvarío que libra al espíritu de preocupaciones angustiosas y lo perfuman con variados placeres” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, pp. 255 y 256).
La Necedad estipula que son locos los que cambian el orden; los adeptos a las nuevas ciencias ocultas; los adictos jugadores a juegos de azar; los que disfrutan de fabulosas patrañas; los ilusos que compran indultos para sus pecados; los autores de rapiñas que creen que con un solo ochavo queda todo daño perdonado; los hombres que hacen peticiones relacionadas con la estupidez a los santos; los hombres que en vida disponen con absoluto interés sus pompas fúnebres; los que se dejan hechizar por un título de nobleza; los orgullosos de su amor propio; y los famosos ignorantes e insolentes que se complacen también por su amor propio (Erasmo 1511/2011). De ahí que Erasmo lamente “lo grande que es la escasez de sabios” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 267), puesto la verdadera sabiduría hace a los hombres tímidos y vergonzosos, por ello es por lo que ésta resulta menos agradable en comparación a la locura para mucha gente.
La Estulticia, afirma el filósofo, es la única que abarca por igual a todos los hombres y siempre está dispuesta para ellos. Todos los mortales le rendimos un culto interno. Asimismo, la Locura critica a todos. En primer lugar, ella se burla de los gramáticos porque quieren dar la impresión de ser sabios y terminan enrojecidos por los rebaños de niños y luego son ensordecidos al estar expuestos siempre a las seiscientas furias de dichos infantes (Erasmo 1511/2011). También se ríe de los poetas o retóricos porque les atribuyen mucha importancia a las estupideces y debido a que la estupidez es su materia de trabajo están al acecho de una fama que los haga inmortales, lo cual nunca consiguen con plena satisfacción.
Los doctos tampoco se salvan pues, aunque “disfrutan con la locura ajena” al creerse superiores, no caen en cuenta que son locos por su erudición, pues dentro de esta clase, por ejemplo, los jurisconsultos “dan vuelta sin parar a la roca de Sísifo [símbolo de labor fatigosa e incansable, y lo único que]…consiguen [es] que parezca que aquellos estudios a [los] que ellos se dedican son los más difíciles de todos” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 277).
La Locura sostiene que los dialécticos y sofistas son hombres locuaces y se carcajea de algunos filósofos que con sus barbas y mantos deliran también cuando dicen poseer la sabiduría. “Ellos, aunque no sepan absolutamente nada, declaran solemnemente saberlo todo; se desconocen a sí mismos” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 278). Además de que desprecian al vulgo que consideran profano.
Los teólogos también son hombres locos que sin explicación están siempre enfurruñados e irritables. El beneficio que les provee la Locura es el de contemplar “desde lo alto a todos los restantes mortales como si a bestias que se arrastrarán por el suelo y casi sienten compasión por ellos” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 279). Los religiosos y monjes son unos locos desvergonzados porque son “rígidamente observantes de las normas religiosas [, sin embargo] no se preocupan de ser semejantes a Cristo, sino de ser diferentes entre sí” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 286).
Frente a esto, dice Erasmo que, en lugar de dedicarse a los capuchones, oraciones y ayunos, deberían encomendarse a la caridad. Así también, por ejemplo, los obispos se olvidan de que su función es la de trabajar, vigilar y solicitar, pues más bien están a la caza del dinero y a favor de vigilar sólo si éste es para su propio provecho. Igualmente, los cardenales y sumos pontífices dejan de lado toda labor fatigosa de lado y buscan lo esplendoroso y placentero para sí, provocando así la mixtificación de Cristo con interpretaciones forzadas, de modo que “los sacerdotes tienen algo en común con los laicos, y es que todos ellos andan solícitos por cosechar sus ganancias y en ese terreno nadie ignora las reglas” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 299).
La Locura también cuenta que reyes y personajes cortesanos si fuesen responsables de sus obligaciones serían completamente tristes, pues llevan en sí el timón del Estado y la condición de gobernantes, por ello recurren a ella para dejar de lado toda preocupación y dedicarse a la buena vida y los placeres de todo tipo.
Erasmo distingue entre el sabio y el estúpido a propósito de la locura. Cuenta que las jóvenes se enamoran de los estúpidos y huyen de los sabios porque éstos desprecian el dinero y si no hay monedas de por medio, entonces no hay interés de parte de ellas. Por su parte, los hombres prefieren pasar por extravagantes antes que por sabios. En ese sentido, el humanista cristiano alude al Eclesiástico de Solomón para apuntar que el número de los necios es infinito o que todo hombre se vuelve necio por su propia sabiduría, “la vida humana es un festival de la estupidez, el mundo está lleno de estúpidos, el necio es cambiante como la Luna, el sabio permanece como el Sol …es necesario que la Estupidez abarque a todos los mortales” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 303).
Luego de esta crítica, ya para finalizar, el autor de Del desprecio del mundo se inclina a favor de uno solo de los tipos de locura, la de Cristo, pero sólo como remedio, pues “como toda la doctrina de Cristo no trata de inculcar ninguna otra cosa que la mansedumbre, la tolerancia...” (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, p. 307). Así, dicha locura cristiana para el filósofo es la única vía acertada de todos los caminos de la Locura:
Cristo mismo, a pesar de ser la Sabiduría del Padre, para correr en auxilio de las cadenas humanas se hizo necio también él, en cierto modo, cuando, adoptando la naturaleza humana, tomó la figura de hombre; se hizo asimismo pecado, para aportar el remedio de los pecados. Y no quiso aportar ese remedio de ningún otro modo que, mediante la locura de la cruz, mediante apóstoles rústicos y obtusos, a los que recomienda ante todo la necedad y los previene contra la sabiduría, incitándolos a seguir el ejemplo de los niños, de los lirios, del grano de mostaza (Erasmo: como se cita en Bayod & Parellada, 2011, p. 312).
Al final de toda su exposición, lo que busca la Locura es un aplauso, una ovación. Los lectores son su público. Se ha lucido, uno puede imaginársela con muchas caras, haciendo su ademán de agradecimiento, su reverencia última en el Elogio, como personaje que ha sido cuidadosamente escuchado.
La crítica erasmiana a la tradición
Con base en lo anterior, se puede observar que la crítica erasmiana a la tradición religiosa y política del siglo XVI puede ser comprendida tanto desde un marco general como desde uno particular. En cuanto a la generalidad, la crítica de Erasmo consiste en la desconfianza total de la Iglesia y del papado, debido a los excesos de lujos, vicios, abusos y corrupción inmersos en las prácticas de éstos. Por otro lado, con respecto a lo particular, la crítica de este filósofo se enfoca en la reprobación de las pasiones pueriles que no permiten el ejercicio de una virtud auténticamente cristiana.
De ahí que Erasmo propugne a lo largo de su obra por una reforma de la Iglesia y por la necesidad de una educación espiritual. Su escepticismo cultural será el resultado de su afán humanista por el regreso, la recuperación y la verificación constante de los textos antiguos en sus fuentes originales, estudiados a partir de un horizonte universal o unificado. “Erasmo se vuelve hacia la profesión de ignorancia de Sócrates y la duda escéptica” (Bayod & Parellada, 2011, p. XLV), pues está a favor de un escepticismo de variedad académica distinto del pirronismo. Su simpatía hacia este tipo de escepticismo aparece en el Elogio al señalar, por ejemplo, que los platónicos han sido los filósofos menos pretensiosos.
Como señala Halkin (1992), en su programa filosófico, el pensador se preguntaba por “el sentido de una civilización en peligro, la búsqueda fraternal de la paz…el cuidado de una educación racional, la cultura clásica, bíblica y patriótica, el ecumenismo, las reformas conciliares y posconciliares, en una palabra, el humanismo integral” (p. 9). En el Elogio, por ejemplo, reprueba la cultura secular “fundamentada en la oposición establecida por san Pablo entre la sabiduría de Dios, locura para los hombres, y la sabiduría del mundo, locura verdadera” (Bayod & Parellada, 2011, p. XLVI).
Así, como parte de su crítica, el humanista cristiano, en el Elogio repite, pero con jovialidad, lo que había sugerido el Manual del caballero cristiano: “los locos más de compadecer son los que menosprecian los deberes de la caridad” (Halkin, 1992, p. 51). De modo que el Elogio es un texto didáctico y pedagógico, porque su autor busca con base en su crítica transformar la sátira en el entendimiento de los beneficios que implica la filosofía de Cristo.
De esta manera es como en esta obra, Erasmo censuró a la Iglesia y luchó por la reforma de ésta. Como lo resalta Halkin (1992):
Erasmo se convierte en el maestro de la filosofía cristiana del Renacimiento, en el amigo de Luis Vives y de Tomás Moro, pronto en el gran adversario de los luteranos…busca…la paz de los Estados, y más simplemente, la paz doméstica cotidiana… (p.12).
Siendo que “el humanismo es un método original en cuanto que reclama el retorno a las fuentes, el contacto directo con los textos, la experiencia personal del saber…” (Halkin, 1992, p.86), el filósofo se alza en contra de la Iglesia y de los individuos necios con el halo del humanismo cristiano, mediante el cual apuesta por la unión entre la sabiduría antigua y el cristianismo.
Conclusión
Para finalizar, se puede argumentar que el Elogio de la locura es un texto que continúa siendo vigente, pues Erasmo retrata críticamente muchos de los problemas que actualmente atañen a la humanidad, tanto en lo individual como en lo social con respecto sobre todo a las prácticas religiosas y políticas. Como se mencionó, en la esfera de lo personal, el teólogo apuesta por la filosofía de Cristo que es una filosofía de vida, espiritual, basada en las enseñanzas evangélicas, donde Cristo es la figura central y la caridad funge como hábito para el buen vivir. Por eso, Erasmo está en contra del fanatismo religioso que se deja llevar por ceremonias infructuosas que tergiversan el verdadero sentido de ser un cristiano virtuoso. Le molesta que los hombres no se den cuenta de que las falsas prácticas religiosas no son la salvación verdadera, pues a ésta sólo se llega a través de Jesucristo. Esto último puede resultar hoy para algunos pensadores algo cuestionable desde distintas ópticas; sin embargo, lo rescatable de la crítica erasmiana es que el asunto importante sigue siendo una reflexión sobre la moral. De ahí que el pensamiento de Erasmo sea aún digno de análisis, por tratar el tema de la locura desde una perspectiva filosófica bastante peculiar (pedagógica), al mostrar a partir de la personificación de la necedad las diversas facetas por medio de las cuales los seres humanos se pueden considerar como locos.
Referencias
Encyclopaedia Herder (2023, 28 de noviembre). Locura. Herder Editorial. https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Locura
Erasmo (2011). Del desprecio del mundo; Enquiridión; Elogio de la locura; De como los niños precozmente y desde su mismo nacimiento deben ser iniciados en la virtud y en las buenas letras de manera liberal; Lamentación de la paz; Coloquios; De la urbanidad en las maneras de los niños; Preparación y aparejo para bien morir. (Intrd. J. Bayod & J. Parellada). Gredos.
Bayod, J. & Parellada, J. (2011). Erasmo: “Elogio de la locura”. Gredos.
Fischl, J. (2010). Manual de Historia de la Filosofía. Herder.
Halkin, L. (1992). Erasmo. Fondo de Cultura Económica.
Sáez, F. (2012). Locos de entremés: la locura como elemento y motivo argumental en el teatro cómico breve del Siglo de Oro. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
[1] Para la elaboración del presente artículo se contó con el financiamiento del programa de becas posdoctorales de la UNAM de la Dirección de Formación Académica del Departamento de Fortalecimiento Académico de la DGAPA.
La correspondencia referente a este artículo debe dirigirse a Dolores Susana González Cáceres Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.